El Papa en la JMJ: fe, audacia y evangelización

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Duración lectura: 9m. 56s.

Río de Janeiro. La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en esta ciudad finalizó ayer con la noticia de que Cracovia (Polonia) será la ciudad encargada de acoger la próxima JMJ en 2016. El evento en tierras brasileñas terminó en un clima de fiesta y con las palabras del Papa Francisco que resonaron con fuerza en un público que lo escuchó concentrado y alegre. El viernes y el fin de semana, el Sumo Pontífice, como sucedió en sus diversas alocuciones de los días anteriores, volvió a hacer énfasis en la importancia de la fe y en la necesidad de salir a evangelizar con renovadas fuerzas y, sobre todo, sin miedo.

También aconteció que el público aumentó a medida que se acercaba el domingo, lo que dejó la ciudad al borde del colapso ante una multitud proveniente de todo el mundo y de todo el enorme Brasil. Con la playa de Copacabana como punto central de la JMJ, ante la suspensión de la vigilia y Misa de Envío en el Campus Fidei por la lluvia que había caído, los peregrinos disfrutaron de cada trayecto de cuatro kilómetros que Francisco realizaba en el papamóvil desde el Forte de Copacabana –ubicado entre Copacabana e Ipanema– y el inicio de la playa, bien cerca del Pão de Açúcar. Los fieles también lo disfrutaron ver pasar por otras calles de Río como cuando se trasladó hacia la catedral de São Sebastião el jueves o hacia el Teatro Municipal el sábado.

En el camino, el Papa saludó y bendijo a niños y bebés, recibió cientos de banderas lanzadas por el público, cartas, imágenes de la Virgen, vio intentos de personas de superar la seguridad que querían darle la mano, y en dos ocasiones tomó mate que le ofrecieron desde detrás de las vallas.

El viernes, día del Via Crucis, descendió en dos ocasiones del papamóvil, la primera vez para bendecir una imagen de San Francisco de Asís, y la segunda para estrechar la mano a paralíticos. Ese día el público estimado era de un millón y medio de personas; ya para el domingo, día final de la JMJ, ascendió a 3,2 millones según la Prefectura de Río de Janeiro. Entre ellos, había 1.500 obispos y 12.000 sacerdotes. El sol carioca, que al fin apareció, contribuyó a una mayor afluencia de fieles.

“Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo”

El Evangelio es para todos
En la Misa final, el Papa inició su homilía en portugués, para luego pasar al español y retornar más tarde al portugués, lo que fue una constante del Sumo Pontífice en estos días. En tres ideas sintetizó su mensaje que vino a dejar a los jóvenes del mundo: “Vayan, sin miedo, para servir”. Francisco dijo que la JMJ resultó ocasión para “experimentar la belleza de encontrar a Jesús y sentir la alegría de la fe”, lo que debe animar a los jóvenes a “transmitir esta experiencia a los demás”. “La fe es una llama que se hace más viva cuanto más se comparte. El mandato de compartir la experiencia de la fe, dar testimonio de la fe, anunciar el Evangelio, es un mandato que no nace de la voluntad de dominio o de poder, sino de la fuerza del amor”, expresó.

En esa línea insistió en la necesidad de llevar a todos el mensaje de Cristo, no solo a los más cercanos y a los que consideramos más buenos. “El Evangelio no es para algunos sino para todos. No es solo para los que nos parecen más cercanos, más receptivos, más acogedores. Es para todos. No tengan miedo de ir y llevar a Cristo a cualquier ambiente, hasta las periferias existenciales, también a quien parece más lejano, más indiferente. El Señor busca a todos, quiere que todos sientan el calor de su misericordia y de su amor”.

Apuntando a los jóvenes congregados, los apeló a involucrarse con alegría y en la necesidad que existe en la Iglesia, y del propio Papa, en ellos, a los que pidió generosidad con Cristo y en “no tener miedo” para dar testimonio del Evangelio. “La Iglesia necesita de ustedes, del entusiasmo, la creatividad y la alegría que les caracteriza. El Papa los necesita”.

La evangelización es “llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo”. “Queridos jóvenes, Jesucristo cuenta con ustedes. La Iglesia cuenta con ustedes. El Papa cuenta con ustedes”, finalizó.

“El cristianismo combina la trascendencia y la encarnación; revitaliza siempre el pensamiento y la vida ante la frustración y el desencanto”

“Sudar la camiseta”
La suspensión de las actividades en el Campus Fidei obligó a reprogramar la agenda, que se trasladó enteramente a Copacabana. Para el sábado, se estableció una línea de peregrinación de 9,5 kilómetros, entre la Estación Central y la playa top de la ciudad, y al inicio de la noche se realizó una breve ceremonia con el Papa, precedida por shows de música y canto, donde los obispos se animaron a practicar el flashmob de la JMJ, y por los testimonios de cuatro jóvenes que pasaron por situaciones difíciles en su vida.

En el discurso, ante tres millones de personas que ya acampaban en Copacabana, el Papa utilizó la suspensión de la vigilia en Campus Fidei para remarcar su pensamiento. “¿No estaría el Señor queriéndonos decir que el verdadero campo de la fe, el verdadero campus fidei, no es un lugar geográfico sino que somos nosotros?”. Francisco habló del campo como lugar de siembra, como lugar de entrenamiento y como obra en construcción. “Queridos jóvenes, cuando aceptamos la palabra de Dios, entonces nos convertimos en el Campus Fidei. Por favor, dejen que Cristo y su palabra entren en su vida, que germine y crezca”.

La alocución, muy directa, sencilla y profunda a la vez, clara y bien cercana a los jóvenes, resultó especialmente disfrutable para los rioplatenses por el lenguaje y expresiones utilizadas por el Papa. “Siempre puede haber espinas y piedras en la vida, pero les pido hacer un cachito de buena tierra en los corazones. Van a ver cómo germina”. Los jóvenes no pueden ser “cristianos de medio tiempo, cristianos de fachada. Sé que ustedes no quieren vivir en la ilusión de una libertad chirle que se deja arrastrar por la moda y las conveniencias del momento”.

Más tarde utilizó el fútbol (en Brasil se disputará la Copa del Mundo el año próximo) para recordar a los peregrinos la importancia de entrenarse y “afrontar sin miedo las situaciones de la vida”. “¡Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo! Nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda y feliz”. “Estos son los entrenamientos para seguir a Jesús: la oración, los sacramentos y la ayuda a los demás, el servicio a los demás”, añadió el Papa.

Francisco tuvo que detenerse en varias ocasiones ante las vivas de un público que lo escuchaba embelesado. “Cuando nuestro corazón es una tierra buena que recibe la palabra de Dios, cuando se suda la camiseta, tratando de vivir como cristianos, experimentamos algo grande: nunca estamos solos, formamos parte de una familia de hermanos que recorren el mismo camino: somos parte de la Iglesia. Somos parte de la Iglesia, más aún, nos convertimos en constructores de la Iglesia y protagonistas de la historia. Chicos y chicas, por favor: no se metan en la cola de la historia. Sean protagonistas. No balconeen. Pateen adelante, construyan un mundo mejor”, concluyó.

“Sé que ustedes no quieren vivir en la ilusión de una libertad chirle que se deja arrastrar por la moda y las conveniencias del momento”

El cristianismo “revitaliza el pensamiento”
El sábado incluyó además una cita en el Teatro Municipal, donde el Papa se dirigió a representantes de la sociedad brasileña. Al finalizar, paseó con su papamóvil y saludó a los fieles que hacían la peregrinación desde la Estación Central hasta Copacabana. La imprevisibilidad de encontrarse con Francisco en el trayecto llevó a los jóvenes volcarse rápidamente sobre las vallas para expresarle nuevamente el cariño al Santo Padre.

En el Teatro Municipal, el Papa pidió a la clase dirigente “responsabilidad solidaria para construir el futuro diálogo constructivo para afrontar el presente”. Pidió “hacer crecer la humanización integral y la cultura del encuentro y de la relación”, porque “es la manera cristiana de promover el bien común, la alegría de vivir”. “El cristianismo combina la trascendencia y la encarnación; revitaliza siempre el pensamiento y la vida ante la frustración y el desencanto que invaden el corazón y se propagan por las calles”, dijo Francisco.

“El futuro nos exige una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza. Que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos dignidad, fraternidad y solidaridad: este es el camino a seguir”. Luego afirmó la importancia del diálogo para acercar ideas y evitar la violencia: “Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo”.

“La fe es una llama que se hace más viva cuanto más se comparte”

“Y vos, ¿quién querés ser?”
El viernes 26 la agenda marcaba Via Crucis, también en Copacabana. La espectacular representación musical y teatral de las 14 estaciones –cada interpretación de una estación parecía una miniobra de teatro–, desplegadas en la Avenida Atlántica de Copacabana, congregó casi dos millones de personas, en la que el Papa volvió a plantear la disyuntiva, esta vez utilizando los personajes de la Pasión, en la que un hombre, una mujer, debe elegir para transitar su vida: Poncio Pilato o Simón de Cirene o María.

“¿Qué han dejado en la cruz? ¿Qué ha dejado la cruz en cada uno de ustedes? ¿Qué nos enseña para nuestra vida esta cruz?”, se preguntó Francisco. “Con la cruz, es el propio Jesús quién se une al silencio de las víctimas de la violencia humana, a los que ya pueden gritar, sobre todo los inocentes y los indefensos; con la cruz se une a las familias que se encuentran con dificultad, que lloran la pérdida de sus hijos, o que a sufren al verlos víctimas de falsos paraísos como las drogas”. La cruz es un “un amor tan grande que entra en nuestro pecado y perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da la fuerza para soportarlo”.

Luego planteó la elección que cualquier persona debería enfrentar, desde el punto de vista de la cruz y la Pasión de Cristo. La cruz “nos enseña a ser como Simón de Cirene, que ayudó a Jesús a llevar ese pesado madero, nos enseña a ser como María y las otras mujeres, que no tienen miedo a acompañar a Jesús hasta el final, con amor y ternura”. “Y vos, ¿quién querés ser?”, preguntó el Papa elevando la voz. “¿Como Pilatos? ¿Como Simón? ¿Como María?”.

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