“Arraigados en Cristo, damos alas a nuestra libertad”

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En su primer encuentro con los jóvenes, Benedicto XVI ha dado algunas claves para concretar el lema de la Jornada Mundial de la Juventud. Vivir firmes en la fe significa, entre otras cosas, acoger las palabras de Jesús; buscar la santidad, con ayuda del sacramento de la Confesión; y atreverse a vivir la libertad de Dios.

Que había ganas de fiesta quedó patente. Pero también otras razones profundas. De lo contrario, uno no aguanta fácilmente seis horas al sol –como estuvieron muchos–, sentados en el suelo y cantando, para participar en una liturgia de la Palabra y escuchar al Papa.

“Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón”.

El inconformismo de la búsqueda

Benedicto XVI, visiblemente contento, correspondió a la flamante acogida con un saludo muy afectuoso: “A todos os saludo cordialmente en el Señor y os reitero que es una gran dicha estar aquí con vosotros. Que la llama del amor de Cristo nunca se apague en vuestros corazones”.

En un momento en que la verdad parece la fea de la fiesta, el Papa felicitó a los jóvenes por su actitud de búsqueda, que ya es una actitud que transforma. “Tenéis interrogantes y buscáis respuestas. Es bueno buscar siempre. Buscar sobre todo la Verdad que no es una idea, una ideología o un eslogan, sino una Persona, Cristo, Dios mismo que ha venido entre los hombres”.

En pocas palabras, el Papa dio el tono para aprovechar al máximo esta Jornada: “Que estos días de oración, amistad y celebración os acerquen entre vosotros y al Señor Jesús. Poned en Cristo el fundamento de vuestras vidas. Arraigados y edificados en él, firmes en la fe y abiertos al poder del Espíritu, encontraréis vuestro puesto en el plan de Dios y enriqueceréis a la Iglesia con vuestros dones”.

Benedicto XVI, festejado en el acto de bienvenida, sumó enseguida a su protagonismo a todos los asistentes. Los jóvenes, dijo, “enriqueceréis a la Iglesia con vuestros dones (…). La Iglesia necesita de vosotros y vosotros tenéis necesidad de la Iglesia”.

Palabras que arraigan en el corazón

En la liturgia de la Palabra, los participantes escucharon un pasaje del Evangelio según san Mateo (7, 24-27). En él, Cristo dice: “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca”.

Tomando pie del Evangelio, Benedicto XVI comentó en su discurso: “Hemos oído un pasaje del Evangelio en que se habla de acoger las palabras de Jesús y de ponerlas en práctica. Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida”.

“Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos”.

Acogidas y meditadas con calma, las palabras de Jesús se convierten en “roca firme, resistente a las embestidas de las adversidades, contrariamente a quien edifica sobre arena, tal vez en un paraje paradisíaco, podríamos decir hoy, pero que se desmorona con el primer azote de los vientos y se convierte en ruinas”.

Las adversidades afectan a todos

En los momentos previos a la llegada de Benedicto XVI, el presentador insistió mucho en que “la juventud del Papa” rebosa alegría. Y, a juzgar por lo que allí se vio, no iba muy alejado.

Pero Benedicto XVI sabe que, antes o después, las adversidades llegan tanto a creyentes como a no creyentes. De ahí que el Papa hiciera hincapié en que las palabras de Jesús tenían que arraigar; o sea, echar raíces. Y esto lleva su tiempo.

“Queridos jóvenes, escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros ‘espíritu y vida’ (Jn 6, 63), raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz. Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida”.

Una santidad centrada en la misericordia de Dios

Enraizado en las palabras de Jesús, dijo el Papa, el entusiasmo propio de estos días tiene un futuro prometedor “porque la vida en plenitud ya se ha aposentado dentro de vuestro ser. Hacedla crecer con la gracia divina, generosamente y sin mediocridad, planteándoos seriamente la meta de la santidad”.

Benedicto XVI es tremendamente audaz. Como ya hizo en su discurso a los jóvenes del Reino Unido (cfr. Aceprensa, 17-09-2010), el Papa volvió a proponer la búsqueda de la santidad a los jóvenes. No la santidad imaginada por algunos críticos de la Iglesia como un expediente libre de errores. Sino la otra: la que se apoya en la misericordia de Dios.

“Ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia”.

“Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y sobre toda la humanidad, mostrando una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida, porque los fundamentos de su existencia eran inconsistentes”.

La libertad responsable

Según el planteamiento de Benedicto XVI, la inconsistencia –que puede afectar por igual a creyentes y no creyentes– aparece cuando uno se deja arrastrar por las corrientes de la moda y se olvida de la referencia a la realidad. Acecha aquí el peligro del relativismo.

“Sí, dijo el Papa, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias”.

Frente al riesgo que acecha a todos de dejarse “llevar por el impulso de cada momento”, el Papa propuso una existencia con horizontes: los que proporcionan la libertad de Dios. Una libertad vinculada a la responsabilidad personal.

“Hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativos en la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creación”.

“Dios quiere un interlocutor responsable, alguien que pueda dialogar con Él y amarle. Por Cristo lo podemos conseguir verdaderamente y, arraigados en Él, damos alas a nuestra libertad. ¿No es este el gran motivo de nuestra alegría? ¿No es este un suelo firme para edificar la civilización del amor y de la vida, capaz de humanizar a todo hombre?”.

Y concluyó: “Encomiendo los frutos de esta Jornada Mundial de la Juventud a la Santísima Virgen María, que supo decir ‘sí’ a la voluntad de Dios, y nos enseña como nadie la fidelidad a su divino Hijo, al que siguió hasta su muerte en la cruz. (…). Pidamos que, como Ella, nuestro ‘sí’ de hoy a Cristo sea también un ‘sí’ incondicional a su amistad, al final de esta Jornada y durante toda nuestra vida”.

Al terminar el acto, de los comentarios que escuché en el Metro hasta llegar a mi casa, me quedo con uno: “Alegría han traído estos chicos a la ciudad”.

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