La discriminación de las ofensas

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Duración lectura: 2m. 9s.

Contrapunto

Por no ofender, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos ha cancelado en este mes dos exposiciones ya preparadas y a punto de inaugurarse. La primera iba a ser sobre Freud, a base del fondo -el mayor del mundo- de papeles y objetos de este autor que conserva la Biblioteca. Pero el psicoanálisis está muy desprestigiado en Estados Unidos, como en otras partes (ver servicio 70/94, pp. 3-4). Y diversas personalidades se opusieron a la exposición por considerarla acrítica, mal documentada y parcial. En suma, decían, sólo serviría para dar crédito a una figura dudosa. Entre los objetores estaba la feminista Gloria Steinem, que acusa a Freud de representante destacado de una mentalidad patriarcal y machista. Ciertamente, recientes revelaciones sobre la conducta de Freud con sus pacientes femeninas ponen en tela de juicio los métodos del padre del psicoanálisis.

La otra exposición suspendida, a sólo dos días de la apertura, trataba de la esclavitud en Estados Unidos. Con los documentos y grabados escogidos se pretendía dar una visión de la vida y el trabajo cotidiano en las plantaciones. Veinte empleados negros de la Biblioteca presentaron una queja formal: alegaban que la exposición no mostraba todo el horror de la esclavitud. Al anunciar la suspensión, un portavoz de la Biblioteca explicó: “Se ha pensado que, si la muestra iba a ofender a mucha gente, no valía la pena”.

Se comprende que, en casos como éstos, el número de los posibles ofendidos importa, aunque no es lo más decisivo. Los musulmanes son minoría en Nueva York. Sin embargo, han conseguido que se retiren los árboles de Navidad de la Gran Estación Central. Adujeron que un edificio público no debía exhibir símbolos de una determinada religión.

No siempre se muestra semejante respeto a la sensibilidad ajena. Cuando, también en Estados Unidos, muchos cristianos se quejaron contra las exposiciones de obras del fotógrafo Robert Mattlethorpe, por no ceder a la “censura” se siguió adelante con ellas, aunque ofendieran. Varias fotos de Mattlethorpe combinan la obscenidad de tipo homosexual con una cruda irreverencia a los signos cristianos. Pero si, con exquisito cuidado, otras exposiciones o símbolos se han retirado por temor a que fueran parciales o por representar creencias no compartidas por todos, en el caso del fotógrafo el desprecio expreso a una fe no se consideró motivo suficiente. Se diría que el pluralismo y el multiculturalismo miden las ofensas por la cualidad de los ofendidos.

Rafael Serrano

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