La ópera prima de la actriz Eva Victor, una historia de frustración existencial, ha generado un entusiasmo exagerado en festivales de cine independiente.
Divertida película que, con estética gótica y corazón infantil, reivindica la amistad y la autoaceptación a través de unos monstruos tan entrañables como miedosos.
Rian Johnson recupera algunos destellos del ingenio de la primera parte, pero acaba cayendo en un retrato demasiado agresivo y artificial de la religión.