Con motivo de la reforma de la ley del aborto en España, más de 600 profesionales de la salud firman un manifiesto en el que mantienen que su papel es cuidar la vida naciente, no eliminarla.
A pesar de la derrota electoral del Partido Quebequés, que iba a aprobar una ley de suicidio asistido, la cuestión aún no está ni social ni jurídicamente zanjada.
En Italia y Francia asociaciones de padres han protestado contra campañas que pretendían adoctrinar a sus hijos en asuntos referentes a la afectividad y la sexualidad.
La iniciativa ciudadana “One of Us”, avalada por 1,7 millones de firmas, lleva ante la Comisión y el Parlamento Europeo el rechazo a la destrucción de embriones.
Un documental ha alertado sobre la práctica frecuente en hospitales británicos de incinerar estos fetos junto con otros desechos médicos, en ocasiones para generar energía.