Mantener las demandas del feminismo sin renunciar a la alegría de cuidar

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Mantener las demandas del feminismo sin renunciar a la alegría de cuidar

“El trabajo que conlleva el cuidado de un bebé no es remunerado, es duro y a menudo se pasa por alto, pero ahora encuentro que me causa placer y me reafirma”, dice Rhiannon Lucy Cosslett, escritora y columnista, en The Guardian. El descubrimiento ha sido, en sus propias palabras, una agradable sorpresa, y le ha llevado a escribir sobre la necesidad de reconciliar su feminismo con su papel de cuidadora.

La autora, que acaba de pasar el covid con un bebé de pocos meses, no niega las dificultades de ser madre: “Se supone que debería escribir sobre la alegría, pero he estado llorando a mares. Nada importante: solo las secuelas físicas de la enfermedad, la falta de sueño y un bebé cuyas raíces celtas se manifiestan en un odio extremo al calor”.

Sin embargo, con asombro reconoce que, a pesar de todo, sí que hay alegría; y reflexiona sobre la tendencia a desmitificar la maternidad.

Aunque ella misma ha criticado en numerosas ocasiones la imposición cultural a las madres de ser felices, resulta que ella sí que lo es; y señala cómo la obsesión por sacar a la luz las sombras de la maternidad ha impactado en su propia experiencia.

“Podría haber tenido un poco más de alegría y mucho menos miedo y negatividad durante el embarazo. Lo atribuyo a mi prurito de corregir el tabú histórico, de expresar el descontento con las exigencias de la maternidad”, admite.

No es que la autora reniegue de la necesidad de exponer que la maternidad es un trabajo duro, a veces solitario, y con poco reconocimiento. De hecho, mantiene su demanda de que se obtenga algún tipo de compensación, porque “no se espera hagas cualquier otro trabajo gratis, por mucho que lo ames”.

Sin embargo, Cosslett aboga por que las demandas del feminismo no obliguen a renunciar al deleite de los cuidados: “Hay belleza en cuidar a otra persona, en atender su cuerpo y sus necesidades”.

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