Universidades en España: las privadas recortan distancias

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C.C. Gothmog

 

El pasado mes de diciembre, el Congreso de los Diputados español aprobó el proyecto de Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU). Ahora afronta en el Senado la fase final para su entrada en vigor. Justo cuando se discutía la legislación que derogará la polémica LOU, de 2001, la Fundación Conocimiento y Desarrollo ha publicado un informe que analiza la situación de la enseñanza superior en España.

En el curso académico pasado cursaron estudios de grado casi un millón y medio de estudiantes, lo que sitúa a España, en términos proporcionales, en la cabeza de Europa.

Los datos más significativos del estudio, sin embargo, son los relacionados con el número de alumnos de las universidades públicas y las privadas. Si bien es cierto que las primeras siguen recibiendo más matrículas, crecen a un ritmo muy inferior al de las últimas.

Ahora bien ¿hasta qué punto los centros privados han mejorado sus números de matrícula frente a los públicos? En estudios de grado, las universidades públicas acogen ahora al 85,7% del alumnado, 3,4 puntos menos que hace cinco años; las privadas han pasado del 14,3% al 17,8%.

El crecimiento ha sido más acusado en el caso de los másteres: casi un 44% de los graduados eligió universidades privadas para especializarse, diez puntos más que en 2016. De hecho, los números de los másteres públicos en España son muy inferiores a los del resto de Europa: los eligen casi 20 puntos menos que en los países vecinos. En cambio, la distribución de alumnos de grado es muy similar en todo el entorno europeo.

Universidades privadas, más flexibles

Como pone de manifiesto el extenso informe elaborado por la Fundación, uno de los motivos por los que las universidades públicas están perdiendo protagonismo es por su inflexible organización. En muchos casos, son instituciones esclerotizadas, y ello les impide reaccionar a los nuevos contextos con rapidez.

En este sentido, las últimas estadísticas se refieren a un momento histórico marcado por la pandemia y la necesidad de adaptarse a la enseñanza digital. Y a las públicas parece que les ha costado más; ahí están los datos: el 18% de las titulaciones de grado que ofrecen los centros privados y el 46% de sus másteres pueden cursarse en modalidad no presencial, frente al 1,7% y el 15,7%, respectivamente, de la oferta pública.

Por otro lado, hay diversos fenómenos que sugieren que el futuro de la enseñanza superior requiere apostar por modalidades diversas de docencia con el objetivo de compensar la caída de estudiantes causada también por la baja natalidad. La nueva ley ofrece mayor flexibilidad para diseñar programas de corta duración o microgrados, así como cursos de formación continua, para atraer a los profesionales. En efecto, no hay más remedio que adaptarse a la enseñanza online y ayudar a compaginar estudio y trabajo para que salgan las cuentas.

Calidad de la pública

Juan Francisco Juliá, catedrático de la Universidad de Valencia, sostiene que también hay otras causas que explican el mayor desarrollo de los centros privados. Concretamente, afirma en The Conversation que “la matrícula de las universidades privadas crece más porque no se ha creado ninguna pública de 1999 a 2022, mientras que se han autorizado más de una veintena de privadas”.

En la actualidad, informa la Secretaría General de Universidades, hay en España 86 universidades: 50 públicas y 36 privadas. Por otro lado, en opinión de Juliá, la limitada oferta de las públicas en determinadas titulaciones –medicina, enfermería o educación, entre otras– ha beneficiado a los centros privados, donde ingresan quienes no obtienen la nota de corte para hacerlo en la pública –y pueden permitírselo–.

Pero también ocurre que una quinta parte de las titulaciones públicas deja el 25% de plazas sin cubrir. Esto sugiere que no hay un diseño muy bien pensado de las titulaciones. De hecho, aun habiendo grados en los que no se cubre la oferta, se sigue aumentando cada año el número de titulaciones propuestas.

A las universidades públicas les ha costado más adaptarse a las consecuencias de la pandemia y a la enseñanza digital

Juliá cree también que la mala salud de la enseñanza superior española es un tópico muy extendido, al que contribuye el desconocimiento de algunos hechos. Así, según el ranking de Shanghái (ARWU), uno de los más conocidos, el 81% de las titulaciones ofrecidas por las universidades públicas tiene el sello de “calidad internacional reconocida”. En esa misma clasificación aparecen, aunque en puestos no muy adelantados, 40 instituciones españolas; hace cuatro años, solo figuraban 33.

Problema de financiación e internacionalización

Normalmente, el análisis sobre la enseñanza superior está muy condicionado por sesgos, ya sean a favor de la pública, sean a favor de la privada. En lo que sí que parecen coincidir todos es que, en comparación con otras partes del mundo, hay un grave problema de financiación.

Según el informe referido, en inversión España se sitúa en una parte media-baja de la OCDE, pues dedica un 19% menos por estudiante que la media. A fin de revertir la situación, la nueva ley se compromete a elevar paulatinamente el gasto público al menos al 1% del PIB, desde el 0,7% actual.

En inversión España se sitúa en una parte intermedia-baja de la OCDE, pues dedica un 19% menos que la media

Otra debilidad de la universidad española es su poca internacionalización, tanto en lo que respecta al alumnado como al profesorado. Si de media en la UE hay un 5,8% de estudiantes del exterior, en España el porcentaje es del 1,6%. Tampoco atrae al profesorado de otros países: la proporción de docentes extranjeros que imparte clase en campus españoles no alcanza el 5%, muy lejos, por ejemplo, del 25% del Reino Unido.

La nueva ley exigirá que tanto la administración central como la autonómica diseñen programas para impulsar la internacionalización. Asimismo, para el acceso a un puesto docente de carácter permanente será necesario realizar estancias académicas en otros centros de investigación, nacionales e internacionales.

Poco peso de las STEM

El informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo examina también qué titulaciones son más populares en España. En cabeza figuran los grados de ciencias sociales, en los que se matriculan el 21,5% de los estudiantes, seguidos de los de ciencias de la salud (14%), periodismo y documentación (13%), y artes y humanidades (11%). En áreas relacionadas con las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), el número de estudiantes ha descendido en dos puntos en los últimos cinco años, del 14% al 12% del total.

Los expertos consideran preocupante este descenso y puede que explique la falta de atractivo de los centros españoles para quienes residen fuera. También constituye una de las claves de la poca empleabilidad de los graduados superiores. Como confirman las estadísticas de Eurostat, el 40,7% de la población adulta española es titulada universitaria. Pero España es el segundo país de la UE con mayor porcentaje de universitarios en paro. Una mejor orientación en estudios preuniversitarios y la potenciación de la formación profesional podría ayudar a ajustar esos datos.

Estos no son las únicas cuestiones que aborda el informe, que, por otra parte, analiza la universidad de un modo excesivamente pragmático, con un enfoque centrado en la preparación para el empleo, sin abordar otras dimensiones de los estudios superiores, como la formación humana y su importancia para la cultura pública.

Con todo, una de sus recomendaciones hace referencia a la necesidad de reforzar la colaboración entre sociedad y universidad, así como de incrementar el impacto de los hallazgos académicos en el sector productivo. La LOSU, de hecho, evalúa también la transferencia de conocimiento entre el profesorado.

Otro de los temas tratados es la equidad en el acceso; en este aspecto, el estudio de la Fundación Conocimiento y Desarrollo pone de manifiesto la escasa presencia de la mujer en las ingenierías o estudios relacionados con la industria y la construcción: solo un 14% son mujeres, 5,5% puntos menos que en la UE.

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