La tendencia a enfocar la enseñanza en la universidad hacia las salidas profesionales más demandadas o mejor retribuidas, puede distorsionar la identidad de esta institución.
Tanto la excesiva insistencia en el orden y la disciplina como un clima de caos en el aula resultan lesivos para formar mentes originales y con criterio propio.
A pesar del discurso multiculturalista oficial, las aulas y el mercado laboral franceses reproducen una segregación étnica que perjudica especialmente a los chicos.
Los detractores de la educación diferenciada critican la “pseudociencia” en la que sus defensores basan sus argumentos, y sin embargo caen en el mismo error al acusar a estos colegios de fomentar estereotipos sexistas.
La crítica a la educación diferenciada por no reflejar la "pluralidad social" olvida otras separaciones artificiales que se producen en la escuela, también por motivos pedagógicos.
Varios centros de estudios superiores franceses ofrecen programas para fomentar el paso a la universidad entre los alumnos de secundaria procedentes de ambientes sociales modestos.
Los colegios británicos podrán seguir dando prioridad al cristianismo en la asignatura de educación religiosa, y no tendrán obligación de enseñar otras cosmovisiones, como el humanismo o el ateísmo.
El caso de una estudiante blanca, perjudicada por las políticas de admisión favorables a las minorías raciales, suscita en Estados Unidos un debate entre dos formas de entender la igualdad.
Los estados tendrán más autonomía sobre cómo evaluar a estudiantes y profesores, mientras que el gobierno federal supervisará la ayuda a los alumnos desaventajados.