El ordenador en la escuela no hace milagros

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Duración lectura: 6m. 32s.


Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 70/15

La OCDE ha publicado el primer informe exhaustivo sobre la incidencia de las tecnologías en el aprendizaje: Students, Computers and Learning. Making the Connection. La principal conclusión es que no existe una relación positiva entre el rendimiento académico y el uso del ordenador u otros dispositivos similares en el aula. A la luz de los datos en las pruebas de lectura y matemáticas según los resultados en PISA 2012, la mejor opción es emplear las tecnologías moderadamente. Con todo, los que las utilizaban con mucha frecuencia obtuvieron aún peores resultados que los que no lo hacían nunca o casi nunca.

Otros factores más relacionados con el éxito educativo son el número de horas de instrucción recibidas y la experiencia del profesor.

Competencias digitales

En cuanto a los ordenadores y el rendimiento se da una curiosa relación: por un lado, parece que la existencia de un alto número de equipos está asociada a buenos resultados en competencia lectora y matemática, tanto evaluadas digitalmente como de forma tradicional. De los 10 primeros lugares en el ranking de lectura, solo en Corea del Sur la ratio de ordenadores-alumnos es inferior a la media de la OCDE.

Sin embargo, cuando nos fijamos en el uso de las computadoras, y no simplemente en su presencia, la relación se invierte: en la mayoría de los países con buenas calificaciones en lectura, el porcentaje de alumnos que dice utilizar el ordenador en clase es inferior a la media de la OCDE. Así ocurre en Shanghái (primera tanto en la evaluación digital como en la tradicional), Singapur, Japón, Estonia o Polonia. Solo en Australia y Hong Kong la proporción de estudiantes que dice emplearlo en clase es mayor que en la media de la OCDE.

Tampoco los datos históricos permiten establecer una relación positiva entre tecnología y resultados. A pesar de que el gasto en dispositivos ha crecido significativamente en los últimos diez años, aquellos países que invirtieron más dinero en equipar tecnológicamente sus colegios apenas mejoraron sus resultados en las pruebas digitales de lectura y matemáticas respecto a ediciones anteriores.

Navegando sin llegar a puerto

En la OCDE, el tiempo medio que los escolares pasan en Internet dentro de la escuela es de 25 minutos al día. Sin embargo, es menor entre los estudiantes de casi todos los países que ocuparon los primeros puestos en la última edición de PISA, con la única excepción de los holandeses, que están ligeramente por encima (26 minutos).

Llama la atención que esta relación negativa entre la presencia de Internet en el ámbito educativo y los resultados académicos se dé en países (o regiones) cultural y tecnológicamente tan diferentes como Singapur, Estonia, Canadá o Polonia. Además, la diferencia en el uso fuera de las aulas (muy intenso en Holanda y Polonia, bajo en Corea y Suiza) demuestra que, en estos países, el reducido papel de la “red de redes” en el aprendizaje no está causado por determinados hábitos culturales de ocio juvenil. Más bien parece resultado de una decisión deliberada de aislar el ámbito educativo a esta opción tecnológica.

Aquellos países que invirtieron más dinero en equipar tecnológicamente sus colegios apenas mejoraron sus resultados

Entre los estudiantes que más navegan por Internet en las aulas, solo los australianos obtuvieron una buena puntuación en PISA. Los daneses se quedaron en la media, mientras que uruguayos, chilenos, griegos, eslovacos, rusos, suecos o españoles (todos con tiempos de utilización superiores a la media hora diaria) se quedaron por debajo.

Si utilizar las TIC en clase no mejora las calificaciones en lengua o matemáticas, al menos sí se podría esperar que hubiera una relación entre mayor uso y más destreza al navegar por la web. Sin embargo, entre los países que obtienen mejor puntuación en este apartado (los estudiantes son capaces de discriminar los links interesantes antes de pinchar, encuentran fácilmente la información necesaria para realizar una tarea, etc.) están algunos donde los ordenadores se utilizan mucho en clase (Australia o Canadá) y otros donde se utiliza poco (Corea del Sur o Irlanda).

Otra de las promesas de las tecnologías educativas, la de que contribuirían a estrechar la brecha entre los mejores y los peores estudiantes, tampoco encuentra confirmación en el estudio. A pesar de que el tiempo que dedicaban al ordenador unos y otros era casi idéntico, la diferencia de puntos entre los mejores y los peores en la prueba de lectura digital es igual que en la realizada en papel. Según los autores, para reducirla es mucho más útil asegurar que los estudiantes con bajas calificaciones adquieren unas habilidades mínimas en lectura y matemáticas que proporcionarles un ordenador. Otros factores más relacionados con el éxito educativo son el número de horas de instrucción recibidas y la experiencia del profesor.

El uso del ordenador fuera del aula

Un 96% de los estudiantes encuestados disponía en el momento de la prueba (2012) de un ordenador en su casa (un 43% tenía tres o más). De media, cada alumno lo utilizaba algo más de dos horas al día durante los fines de semana o días no lectivos; según los datos del informe, la pertenencia a distintos estratos socioeconómicos apenas influye en esto.

Sin embargo, sí es diferente el uso que hacen del ordenador los estudiantes de clases altas o bajas. Tanto unos como otros decían jugar a videojuegos prácticamente en la misma proporción (un 40% lo había hecho en la última semana), pero un 43% de los más aventajados había buscado y obtenido información práctica de internet, por solo un 30% de los pertenecientes al quintil más bajo de la escala social.

En la mayoría de los países con buenas calificaciones en lectura, el porcentaje de alumnos que dice utilizar el ordenador en clase es inferior a la media de la OCDE

Metodologías y herramientas

En la mayoría de los países que mejor puntuación obtienen en la prueba virtual de matemáticas, los estudiantes dicen no haber utilizado el ordenador en clase de esta asignatura. Esto parece indicar que lo importante para que un estudiante aprenda no es tanto que el profesor emplee nuevas herramientas como que las metodologías sean las más apropiadas.

Sin embargo, frecuentemente el discurso pedagógico moderno transmite la impresión de que el único futuro deseable y posible para la educación pasa por las metodologías “activas” y “centradas en el alumno”; y que estas solo pueden ponerse en práctica con las nuevas tecnologías. Así, la relación entre progreso educativo y herramientas tecnológicas se entiende como una necesidad, algo evidente y que por tanto no hace falta demostrar. Como si la emoción del profesor fuera ya de por sí una prueba incontestable de la eficacia de estos métodos. Como señala el informe, los profesores que más los adoptan son también los que se muestran más favorables a la introducción de dispositivos tecnológicos en las aulas.

Pero, aparte de influir en el entusiasmo de ciertos profesores, ¿redundan las nuevas tecnologías en beneficio del alumno? El informe de la OCDE, aunque recomienda explorar las posibilidades que ofrecen ciertas herramientas como el ordenador o las tablets en el aula, no permite concluir que exista ninguna relación positiva entre tecnología y desempeño educativo.