Lo que Benedicto XVI espera de un “auténtico maestro universitario”

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La Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana

Benedicto XVI, teólogo y profesor universitario durante 25 años, se encuentra en su ambiente cuando habla con otros profesores. Por eso se sentía cómodo al dirigirse a mil jóvenes profesores de Universidad en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, un lugar donde la fe va de la mano del arte y la cultura.

En su discurso, Benedicto XVI ha exhortado a los profesores universitarios a convertirse en “auténticos maestros”; o sea, personas convencidas de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad, y abiertas a las inquietudes profundas de los jóvenes.

“Me vienen a la mente –recordó– mis primeros pasos como profesor en la Universidad de Bonn. Cuando todavía se apreciaban las heridas de la guerra y eran muchas las carencias materiales, todo lo suplía la ilusión por una actividad apasionante, el trato con colegas de las diversas disciplinas y el deseo de responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos”.

Durante aquellos años de experiencia docente, el Papa fue forjando su visión de la Universidad. “Esta universitas que entonces viví, de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio, ese ‘ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes’ (Siete Partidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición de la Universidad”.

Algo más que utilitarismo

Y hoy, ¿qué pueden ofrecer los profesores a los jóvenes? “A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento. (…) Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios”.

A Benedicto XVI le parece insuficiente esta idea de la Universidad. “Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder”.

El camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe

Benedicto XVI tiene una concepción más alta de la misión de la Universidad. “La Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad”.

Ser auténticos maestros

El Papa planteó un reto a los profesores: “Sois vosotros quienes tenéis el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario: un ideal que habéis recibido de vuestros mayores, muchos de ellos humildes seguidores del Evangelio y que en cuanto tales se han convertido en gigantes del espíritu (…)”.

“Con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres. Y el modo de hacerlo no solo es enseñarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como también el Logos se encarnó para poner su morada entre nosotros”.

“Os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza”.

Conocimiento, amor y humildad

La enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer

Para que los jóvenes encuentren en sus profesores “auténticos maestros”, Benedicto XVI ofrece dos claves de orientación. “Es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe”.

Esta primera clave compromete personalmente a los profesores: “No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad (…). Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador”.

“En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad”.

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