Blanca como la nieve, roja como la sangre

Bianca come il latte, rossa come il sangue

Página 1

Director: Giacomo Campiotti

Guion: Fabio Bonifacci, a partir de la novela de Alessandro D’Avenia.
Intérpretes: Filippo Scicchitano, Gaia Weiss, Aurora Ruffino, Luca Argentero.
102 min.
Jóvenes.

Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 72/14

Leo (Filippo Scicchitano) es un adolescente que vive un amor platónico por Beatrice (Gaia Weiss), compañera de instituto que seguramente ni se ha fijado en él. Se esfuerza por conquistarla, con ayuda de un amigo y de su compañera Silvia (Aurora Ruffino). Todo parece ir sobre ruedas en su conquista hasta que descubre que Beatrice esconde un terrible secreto.

Esta película es la adaptación de una homónima novela juvenil de éxito en Italia, escrita por el joven Alessandro D’Avenia (ver Aceprensa, 29-06-2010). Se inscribe en una tendencia actual de melodramas juveniles, en los que el amor y la enfermedad se entrelazan en una arriesgada simbiosis dramática. Recordemos la reciente Bajo la misma estrella, brillante, o Ahora y siempre, más decepcionante. En los últimos años se habían estrenado numerosas cintas de niños que se enfrentaban al drama de la enfermedad grave (Maktub, Cartas a Dios, Vivir para siempre…), pero al elevar la edad de los protagonistas, en estas nuevas películas entra con fuerza la trama romántica, que hace girar completamente el tono del film hacia una tesitura más adulta.

En este caso, el director Giacomo Campiotti, conocido por Prefiero el Paraíso, hace una versión fresca y bien llevada de la novela, aunque muchos seguidores del relato literario piensen que rebaja la trascendencia del original. En cualquier caso, el film cuenta con una buena dirección de actores, dosifica bien el humor, no carga las tintas melodramáticas y es muy honesto con la historia que cuenta.

La película –de un cierto aire televisivo– tiene también una dimensión pedagógica, ya que enfrentar a los jóvenes a la cuestión de la verdadera naturaleza del amor, del sentido del sufrimiento y del valor de la vida –y de la muerte– no es cosa banal hoy en día, y aunque la cinta carezca afortunadamente de didactismo, es muy sincera al plantear estas cuestiones, sin énfasis innecesarios. También la relación entre el profesor y Leo es un guiño para el público más adulto sobre la naturaleza de la tarea educativa.

 

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