«La Pasión de Cristo», Maimónides y los éxitos de taquilla

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Algunas organizaciones judías han intentado que la Iglesia católica condene por antisemitismo la película de Mel Gibson La Pasión de Cristo. Pero las autoridades católicas no han visto ningún motivo para hacerlo, por la sustancial fidelidad de la película a los relatos evangélicos. También autores judíos han subrayado que es coherente con lo que cuenta la tradición judía sobre la muerte de Cristo.

David Klinghoffer, judío, columnista del semanario neoyorquino Jewish Forward, recuerda en The Vancouver Sun (24 enero 2004) lo que cuenta la tradición judía acerca de Cristo. «Al igual que los Evangelios cristianos -que constituyen la base del guión de Gibson-, la tradición judía reconoce que nuestros líderes religiosos influyeron en la ejecución de Jesús en Palestina en el siglo I. Si Gibson es antisemita, también lo es el Talmud y el mayor sabio judío de los últimos mil años: Maimónides».

Aunque a partir del siglo XVI, señala Klinghoffer, los pasajes relativos a Jesús fueron eliminados del Talmud, aún se conserva la versión original. En la sección llamada «Sanhedrin», sobre los procedimientos del tribunal supremo judío, se lee: «En la víspera de la Pascua colgaron a Jesús de Nazaret. Y el heraldo iba delante de él durante cuarenta días, diciendo: ‘Jesús va a ser apedreado por practicar magia y seducir y extraviar a Israel. Quien conozca algo a su favor, que venga y declare sobre él’. Y no encontraron nada en su favor». Según Klinghoffer, «el pasaje indica que la suerte de Jesús estaba por completo en manos del tribunal judío». La pena que ahí se menciona, añade, coincide con la prevista en la tradición judaica para esos mismos crímenes: ser lapidado y después colgado de un madero.

Algunos intérpretes dudan que el Jesús del que habla el Talmud sea el mismo que funda el cristianismo. Pero Maimónides es uno de los sabios judíos que lo identifican con Cristo.

Maimónides (Córdoba, 1135-El Cairo, 1204) abandonó España después de promulgarse un edicto contra los judíos y se estableció en Egipto. Es el pensador judío más universal y considerado el más sabio por la comunidad judía, que lo nombró nagid (jefe). En su gran recopilación de leyes y creencias judías -Mishne Toráh- escribió: «Jesús de Nazaret, que imaginaba ser el Mesías, fue condenado a muerte por el tribunal».

En su Epístola a Yemen, Maimónides expone que «Jesús de Nazaret (…) interpretó la Toráh y sus preceptos de un modo que conduciría a la anulación radical de la ley judía. Los sabios, de bendita memoria, habiéndose dado cuenta de sus planes, le impusieron una pena antes de que su fama se extendiera entre nuestra gente». Por lo tanto, concluye Klinghoffer, «es injusto que los judíos critiquen a Gibson por contar lo que el Talmud y Maimónides, así como muchos historiadores, afirman».

En Italia, el rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni, tras haber visto la película, ha pedido que el Vaticano condene oficialmente el filme, pues «nos hace regresar a una época anterior al Concilio Vaticano II». Refiriéndose a esta petición, el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, ha hecho una declaraciones a Il Messaggero (11 marzo 2004) en las que afirma que «la película es una trascripción cinematográfica de los Evangelios. Si fuera antisemita, lo serían también los Evangelios».

«Si una historia así fuera antisemita, plantearía un problema de diálogo judeocristiano, pues equivaldría a afirmar que los Evangelios no son históricos. Hay que darse cuenta de la gravedad de estas afirmaciones», insiste.

«No hay que olvidar que la película está llena de personajes judíos ‘positivos’: desde Jesús hasta María, desde el Cireneo hasta la Verónica, incluyendo a la muchedumbre conmovida, etc.», subraya.

El hecho de que no haya habido declaraciones oficiales, aclara Navarro-Valls, no significa que la Iglesia condene la película, sino que «no tiene nada de antisemita». «De lo contrario, la jerarquía habría hablado: ya sea el Vaticano, ya sean los episcopados locales».

Navarro-Valls revela que ya hace algún tiempo Abraham Foxman, de la organización judía Anti-Defamation League, vino a Roma para mantener contactos con el Vaticano sobre la cuestión. «El arzobispo John P. Foley, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, le respondió: ‘No veo nada en esta película que pueda ser considerado como antisemita’».

Michael Medved (The Comunitarian Network, vol. 14, n. 1, invierno 2003-2004), conocido crítico de cine, de religión judía, señala que «Gibson ha financiado la película por su cuenta para contar su visión del Evangelio, sin compromisos. Podría haber convencido a cualquier estudio (su ‘estrella’ sigue brillando), pero ha querido evitar tener que ajustar su visión a los criterios comerciales de los productores o a las perspectivas de otras religiones. Algunos judíos están molestos porque Gibson no les ha consultado al escribir el guión o recrear los detalles históricos, pero tampoco lo ha hecho con protestantes u ortodoxos de tradición oriental.

«El hecho de que el antisemitismo a lo largo de la historia haya usado los Evangelios como inspiración contra los judíos quizás pruebe que esos libros pueden ser peligrosos, pero no que lo que cuentan no es cierto. En cualquier caso, lo que las organizaciones judías no pueden pretender es decidir en qué pueden creer los cristianos y en qué no».

Por su parte, A.O. Scott (The New York Times, 7 marzo 2004) aborda el significado de la película en términos de ingresos de taquilla, ya que para la industria del cine, sin ánimo de parecer irreverente, «la recaudación es el evangelio». Scott afirma que «desde hace tiempo hay pruebas de que en Estados Unidos existe un buen número de gente -un demographic, en la jerga del espectáculo- que quiere que su consumo cultural sea expresión de sus creencias religiosas. Estas personas están dispuestas a gastar dinero en CD, películas y DVD para satisfacer este deseo». Teniendo en cuenta que el día del estreno Gibson prácticamente recuperó los 30 millones de dólares que costó la película, ha sido un éxito que no pasará inadvertido a la industria cinematográfica, concluye Scott.

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