El primer documental sobre la realidad del auge de menores transgénero en España expone las negligencias de la industria médica y el dogmatismo de un transactivismo que persigue al que pide prudencia.
El formato documental se está consolidando como el género elegido por muchos periodistas para abordar investigaciones de largo recorrido y tratar asuntos complejos con mayor profundidad que la información diaria.
La mezcla de investigación, testimonios y formato audiovisual permite abordar temas complejos que requieren de matices, introducir un número variado de voces y de enfoques, y presentar tanto la realidad objetiva que revelan los datos como la experiencia personal de quienes la viven.
En concreto, la oposición al lobby trans, que ha impuesto un discurso políticamente correcto en los medios, en la universidad y en la medicina, ha encontrado vías de expresión con The Trans Train, Colombia: fábrica de niños trans o incluso What is a woman?, del controvertido Matt Walsh.
Cada jueves, lo mejor de Aceprensa en una newsletter gratuita.
Siguiendo esa línea, llega Ser mujer no es un sentimiento, el documental dirigido por la periodista Nuria Coronado, que ha recaudado 12.500 euros a través de crowdfunding y que aborda por primera vez la realidad del fenómeno trans en España.
Detrás de una adolescente que dice sentirse del sexo opuesto, suele haber toda una historia personal dolorosa y una amalgama de problemas sin diagnosticar
Coronado es autora de No contaban con las madres, un libro en el que recoge la lucha de Amanda, la fundación de madres de adolescentes con disforia de género acelerado que ha plantado cara a las leyes trans y que reclama más prudencia médica frente a los discursos que promueven la terapia afirmativa.
Un dedo acusador contra las negligencias y los intereses ocultos
Ser mujer no es un sentimiento es un documental de gran valor por distintos motivos. En primer lugar, es pionero a la hora de abordar la realidad de este fenómeno en España.
En segundo lugar, la directora no busca criticar a las personas trans, sobre las que nunca se siembra la sospecha y a las que nunca se señala, sino que pone el acento en la falta de prudencia de los médicos, en las leyes que empujan a los profesionales a la terapia afirmativa, en los intereses de los lobbies y de la industria farmacéutica, y en cómo pueden afectar determinados discursos, especialmente propagados a través de redes sociales, a las personas más vulnerables.
Muchos minutos del documental están dedicados, precisamente, a entender cómo los adolescentes –y, sobre todo, las adolescentes– son un perfil especialmente en riesgo de confundir los discursos del activismo trans con una promesa de autorrealización.
El acoso escolar, la hipersexualización, la incomodidad con los cambios del cuerpo propia de la adolescencia, otros problemas subyacentes de salud mental o entornos familiares desestructurados son un cóctel perfecto para que una menor de edad considere que la solución a sus problemas consiste en transicionar, un proceso que ve como una especie de renacimiento que le garantizará el pase a una vida diferente.
“Tenemos un colectivo que merece una protección, el de personas transexuales, pero hay personas vulnerables que se creen incluidas en ese colectivo, y ayudarles a ser incluidas va a provocar un perjuicio en su salud” (Carlos Sardinero)
Coronado ha conseguido el testimonio de dos mujeres desistidoras –es decir, que no siguieron adelante con el proceso de hormonación– y tres detransicionadoras. Sus palabras permiten visibilizar que, detrás de una adolescente que dice sentirse del sexo opuesto, suele haber toda una historia personal dolorosa y una amalgama de problemas sin diagnosticar.
De hecho, tal y como explican los expertos durante el documental, la disforia de género que se manifiesta durante la adolescencia solo persiste más allá o durante la vida adulta en un 10% de los casos; por lo que ahondar en la raíz del problema, adoptar una terapia que abogue por la espera vigilante y evitar intervenciones médicas irreversibles hasta contar con una evaluación completa parece lo más razonable.
“Tenemos un colectivo que merece una protección, el de personas transexuales, pero hay personas vulnerables que se creen incluidas en ese colectivo, y ayudarles a ser incluidas va a provocar un perjuicio en su salud, y esto es lo que estamos haciendo mal”, resume Carlos Sardinero, abogado especialista en negligencias médicas y que actúa como representante de Susana Domínguez, una de las detransicionadoras, en el documental.
Muchos hilos de los que seguir tirando
Otras voces valiosas que intervienen en el documental son Celso Arango, actual jefe de Servicio de Psiquiatría Infantil en el hospital La Paz; Paula Fraga, abogada penalista; la psicóloga Carola López, autora de La secta: el activismo trans y cómo nos manipulan; Silvia Carrasco, antropóloga y presidenta de Feministas de Cataluña; Ángeles Álvarez, exdirigente socialista y portavoz de la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres; Rosa Merás, presidenta de la fundación Amanda; y Juana Bermejo, cuyo hijo murió a raíz de los efectos de la hormonación.
Muchas de ellas, como explicaba la propia Paula Fraga en declaraciones anteriores para Aceprensa, han sufrido la presión y la cancelación del activismo trans por sostener una postura que niega que la realidad biológica pueda cambiarse y que pide proteger a los menores.
Fraga ha dedicado parte de su trabajo al estudio de las proposiciones de ley, las normativas autonómicas sobre identidad de género y los protocolos educativos, que considera responsables de implantar una especie de “policía de género” en los centros escolares. En 2019 fue una de las primeras voces en advertir sobre lo que entendía como los riesgos de la teoría queer, a través del artículo “La teoría queer y la institucionalización de la misoginia”. Desde entonces, ha desarrollado una línea de argumentación jurídica crítica con la Ley Trans.
Su posicionamiento le ha supuesto importantes consecuencias personales y profesionales, entre ellas la pérdida de oportunidades laborales, intentos de cancelación, campañas de desprestigio, amenazas de muerte y el cierre de sus perfiles en redes sociales. Sin embargo, como señalaba a Aceprensa, lo que más le afecta no son esos ataques públicos, sino el distanciamiento de personas de su entorno más cercano. “Lo que más duele es cuando gente de tu entorno político más cercano, gente incluso que pensabas que tenía cierta amistad, te rechazan”, explicaba.
Ser mujer no es un sentimiento es un documental valiente que haría las delicias de cualquier periodista que quisiera seguir todas las líneas de investigación que Coronado propone durante el largometraje: los efectos de la ley trans en España, quiénes son los principales beneficiados del negocio que genera convertir a adolescentes en pacientes de por vida, qué instituciones se pliegan a las imposiciones del activismo trans negando la evidencia científica y qué consecuencias tiene todo ello para los menores, las familias y los profesionales que se apartan del discurso oficial.