Una batalla tras otra fue la vencedora de la noche con seis Oscars, seguida de Sinners y Frankenstein, con cuatro y tres estatuillas respectivamente. Timothée Chalamet perdió por tercera vez un premio que se le resiste, mientras que Jessie Buckley se llevó el único galardón para Hamnet, probablemente la mejor película del año. La española Sirat no pudo levantar ninguna de las dos estatuillas a las que estaba nominada.
Que Paul Thomas Anderson es uno de los mejores directores norteamericanos actuales está bastante claro. Pero que después de 11 nominaciones y películas tan inmortales como El hilo invisible, Pozos de ambición, Magnolia, o incluso Licorice Pizza, haya obtenido sus dos primeras estatuillas en una misma noche con Una batalla tras otra demuestra que estos premios, muchas veces, no hay quien los entienda. Con los Oscars a la mejor dirección y guion adaptado, a los que hay que sumar el de mejor película, su desatada mezcla de géneros se han impuesto en un gala que apenas tuvo siete segundos de reivindicación protagonizados por Javier Bardem.
Sean Penn entra en “el club de los tres” sin necesidad de presentarse
Está claro que Sean Penn hubiese dado mucho que hablar con su discurso tras ganar su tercer Oscar por Una batalla tras otra, pero no asistió a la gala, algo que sí hizo en sus anteriores premios, por Mi nombre es Harvey Milk (2008) y Mystic River (2003). Con este galardón se suma a la selecta élite de los tricampeones junto con Walter Brenan, Daniel Day-Lewis y Jack Nicholson. Su último personaje pretende caer mal al espectador y lo consigue, con una interpretación descontrolada e histriónica, coherente con la película.
Jessy Buckley, mejor actriz, dedicó el premio a su marido, a su hija y al “hermoso caos que hay en el interior de cada madre”
Jesse Buckley, mejor actriz y mejor discurso
La irlandesa dio la única alegría de la noche a Hamnet, que partía con 8 nominaciones pero solo una posibilidad real. Dedicó su esperado premio a la mejor actriz principal al “hermoso caos que hay en el interior de cada madre”, poco después de tener unas palabras emocionadas para su marido Fred Sorensen, “el papa más increíble, y el mejor hombre con el que quiero tener 20.000 bebés”. Por ahora tiene una pequeña de ocho meses llamada Isla, que ya recibió una emotiva mención en el discurso de su madre: “No puedo esperar a descubrir la vida junto a ti”, dijo una actriz que ha logrado la unanimidad del público y la crítica con una composición que ha hecho llorar a millones de espectadores, y uno de los finales más pletóricos que ha dado el cine en las últimas décadas.
El ballet de Timothée
Menos suerte tuvo Timothée Chalamet, que murió en la orilla después de llevar meses siendo el favorito en todas las quinielas por Marty Supreme. Muchos dirán que fue por las famosas declaraciones sobre el ballet y la ópera, pero en realidad esas afirmaciones fueron posteriores a las votaciones. Charles B. Jordan le ha arrebatado el Oscar al mejor actor principal por hacer de los gemelos Smoke en Los pecadores, en una interpretación que casi nadie hubiera destacado de no estar entre las cinco nominadas, pero que le viene muy bien a la academia para ganarse la etiqueta de diversa.
Sirât ya venía premiada de casa
No tenía muchas posibilidades la española Sirât con sus dos nominaciones a la mejor película extranjera y mejor sonido, pero Oliver Laxe sigue siendo el perdedor más feliz de los últimos meses. Después de ganar el Premio del Jurado en Cannes y seis Goyas técnicos, el director de la excelente Lo que arde ha ido de ceremonia en ceremonia celebrando sus derrotas en todo tipo de galas con la mejor sonrisa y las declaraciones más polémicas y desinhibidas. Evidentemente es consciente del mérito que tiene llegar donde ha llegado con una película más propia de festivales de cine que de premios populares.
El mejor cine ya no viene de Hollywood: de Noruega a Corea, pasando por Brasil
Valor sentimental ganó finalmente el Oscar a la mejor película internacional imponiéndose a la favorita hasta hace unas semanas, la brasileña El agente secreto, y dejando sin premio a la iraní Un simple accidente, Palma de Oro en el último festival de Cannes, y a la tunecina La voz de Hind; una prueba más de que el mejor cine del año no ha venido de Hollywood. Al igual que la animación más exitosa ya no llega de Disney, Pixar o Ghibli. Las guerreras K-Pop terminaron de dar la campanada con el premio a la mejor película de animación y el de la canción original para Golden, que protagonizó uno de los grandes momentos de la gala: todo el Dolby Theatre agitando sus luces a ritmo de uno de los temas más pegadizos del año.
Guillermo del Toro y Ludwig Göransson solo saben ganar
Por último, el Frankenstein de Guillermo del Toro acaparó los premios técnicos con los Oscars al mejor diseño de producción, maquillaje y vestuario, en la noche en que el compositor sueco Ludwig Göransson rompió todos los récords. El premio a la mejor banda sonora por Los pecadores es el tercero que recibe en esta categoría, después de los que logró con Oppenheimer y Black Panther en 2024 y 2018 respectivamente, y todo con solo 41 años. No hay muchas dudas de que el año que viene estará en la ceremonia por La odisea de Christopher Nolan, una de las películas más esperadas del año, que llegará el 17 de julio a la gran pantalla.
Una gala para recordar…
La gala siguió todos las previsiones, con una saturación publicitaria agotadora y una presentación muy poco memorable de Conan O´Brien. Más acertadas estuvieron las coreografías musicales de Los pecadores o Las guerreras K-pop y el homenaje a los que ya no están, que se alargó con motivo porque había mucho que recordar de Robert Redford, Diane Keaton, Robert Duvall o el malogrado Rob Reiner, entre otros.