Violencias contra la mujer, todo incluido

“Una de cada tres europeas ha experimentado violencia física o sexual”. “El 22% de las europeas ha sufrido violencia machista de su pareja”. Son los datos esenciales con que los medios de comunicación –en este caso, el diario El País han titulado sus noticias acerca de una encuesta publicada por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA), aunque realizada, de hecho, por organismos de todo tipo en cada país. En España, por ejemplo, la encuesta ha quedado delegada en las asociaciones Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres. El número total de europeas entrevistadas es 42.000, con una media de 1.500 por cada país.

Los números de la encuesta, así expuestos, provocan auténtico escalofrío, sobre todo porque se trata de mujeres que viven en el “primer mundo”, y en un entorno de profusión legislativa que persigue con denuedo cualquier forma de discriminación contra la mujer. Suena a fracaso colectivo de Europa.

Un examen en detalle a la encuesta ofrece conclusiones chocantes. Por ejemplo —y antes de entrar en la definición de “violencia”—, el dato de mayor entidad que aporta el estudio es que el 67% de las europeas no han sido víctimas de “violencia física o sexual”; al menos desde los 15 años.

Entre las que han sido víctimas de violencia, no todas la han sufrido a manos de su pareja o de un hombre.

El 31% confiesa haber sufrido violencia física –incluyendo el empujón que propina un desconocido– al menos una vez desde los quince años; sin empujones, pero contando sobre todo con bofetadas y tirones del pelo, la tasa se sitúa en el 25%. Ya sea de mano de la pareja o de una persona (hombre o mujer) cualquiera. A cargo de la pareja actual, este tipo de actos ronda el 5% de los casos. En dos de cada tres ocasiones, el incidente —ya se trate de empujón, bofetones, puñetazos o algo peor— sucede en espacios públicos (trabajo, calle, cafetería, discoteca, tienda, etc.).

El tipo de persona que suele inspirar más miedo en las europeas es un desconocido (15%), mientras que el porcentaje más bajo corresponde a la pareja actual (1,5%)

El FRA engloba en “violencia física” agarrones, empujones y tirones del pelo —abundantes en las peleas entre mujeres, según la encuesta, y que suponen un tercio de los actos violentos—, y los cataloga como las formas más comunes. Esto explicaría que el 42% de este tipo de situaciones no acarree más que arañazos y contusiones leves, y solo el 13% devenga en daños graves (fracturas, heridas internas, abortos, desgarros).

Mejor en los países de cultura católica
El análisis por países genera un desconcierto para el que las diversas ideologías no atinan a dar respuesta. Y es que los países católicos presentan los mejores datos: Polonia, Malta, España, Italia, Portugal, Irlanda, Austria, Eslovenia y Croacia quedan en la zona de menor porcentaje de “violencia”. Los siguen dos naciones con evidente vinculación con la Iglesia ortodoxa: Chipre y Grecia. Por el contrario, los estados donde las doctrinas que podrían calificarse como “progresistas” o “igualitarias” llevan más tiempo imperando son los lugares de mayor maltrato: Finlandia, Dinamarca, Reino Unido, Suecia, Países Bajos…

En el desglose descuella Dinamarca, pues un 60% de las danesas afirma que ha experimentado “algún tipo de violencia psicológica en sus relaciones”, el doble que las irlandesas, griegas o españolas, las menos afectadas en este terreno. ¿Será que las europeas del Sur, sojuzgadas por el secular machismo y los curas, no saben reconocer esta lacra, y conviven con ella sin quejarse? La estadística contradice esta hipotética objeción, pues señala que la mitad de las europeas han recibido el impacto de una campaña publicitaria reciente para prevenir o denunciar los malos tratos. Y las que menos maltratadas se sienten son, grosso modo, las que recuerdan con más claridad una campaña de este tipo en los últimos meses: españolas (83%), maltesas (78%), portuguesas, francesas y griegas (70%). En el otro extremo, el porcentaje de danesas es el 26%; sin embargo, solo el 20% las austriacas —dentro del segmento con menor maltrato— se acuerdan de una campaña reciente de concienciación.

Los países de cultura católica son los que presentan menor maltrato, y los países nórdicos, los que más

Dependencia económica
Una de las pautas que suelen argüirse para explicar el maltrato a la mujer es la dependencia económica de su pareja. De hecho, la encuesta del FRA asevera que el 39% de las mujeres que declaran haber padecido algún tipo de “violencia” en sus relaciones de pareja no contaban con ingresos que les parecieran suficientes. Asimismo, el 26% de las que no se habían quejado por este problema entraban en el segmento de “escasez de ingresos”.

Sin embargo, entre las mujeres que han padecido menos la violencia se encuentran las de países donde es más alta la tasa de mujeres que se dedican a labores del hogar (Malta, España, Croacia). En contraste, el 59% de las holandesas, el 66% de las suecas y el 60% de las finlandesas tienen su propio sueldo, pero no parece ser un escudo contra el maltrato.

Si bien los expertos apuntan razones confusas para esta paradoja de “progresismo versus conservadurismo”, el propio informe incluye pistas más o menos reveladoras. Por ejemplo, un buen número de preguntas subrayan la percepción subjetiva o una generalización ajena a las relaciones de pareja: “¿Se ha sentido usted preocupada de que alguna de estas personas pudiera dañarla física o sexualmente, o hacerle daño?”. El tipo de persona que suele inspirar más miedo en las europeas es un desconocido (15%), mientras que el porcentaje más bajo corresponde a la pareja actual (1,5%).

Dentro del círculo de conocidos –hermanos, amigos, compañeros–, los “ex” son los que más recelo provocan (4%). En conjunto, una de cada cinco europeas ha tenido cierto miedo en el último año debido a la posibilidad de ser víctima de atracos, violaciones, peleas, etc.; por eso el 40% de las europeas evitan pasear solas por lugares solitarios, y el 37% se aleja de ciertas calles o barrios que no inspiran confianza. Una de cada siete mujeres en Europa prefiere no salir sola a la calle.

Acoso sexual
Por otra parte, el cuestionario del FRA aborda la violencia sexual, pues sostiene que el 5% de las europeas ha sido forzada alguna vez. Sin embargo, el FRA admite la gran desavenencia que este dato ofrece en contraste con la información oficial. De acuerdo con los diferentes departamentos policiales del Continente, se reportaron en el periodo 2005-2007 un centenar de violaciones al año, por cada millón de personas. Otra vez Suecia (47 por 100.000) supone la peor cifra, frente a Portugal, Croacia o Malta (3 por cada 100.000 personas) y Grecia (2).

El FRA, dentro de este apartado sobre respeto a la dignidad sexual de la mujer, incluye: “comentarios acerca del aspecto físico, invitaciones inadecuadas, sugerencias o preguntas personales que no han gustado, un abrazo que no se deseaba, miradas atrevidas”, junto con: “mensajes de contenido sexual explícito en redes sociales o teléfono, exhibicionismo masculino, imágenes o chistes pornográficos, proposiciones deshonestas”, porque la encuesta asume que cada uno de estos comportamientos constituye acoso sexual.

Con una definición tan amplia de “acoso sexual”, no hay que extrañarse de que el FRA llegue a la conclusión de que la mitad de las europeas lo han sufrido al menos una vez desde los quince años. Ocho de cada diez suecas y danesas aseguran que han recibido alguna de estas maneras de acercamiento; tasa que baja a una de cada tres polacas o austriacas, y una de cada cuatro portuguesas. Si este concepto de “acoso” se aplica a los últimos doces meses, solo el 17% de las europeas lo ha padecido. En cambio, si nos referimos a “contactos, abrazos o besos inoportunos”, el porcentaje medio en la UE se cifra en el 29% (al menos una ocasión desde los quince años). En este epígrafe más concreto y por países, las nórdicas –suecas (61%), danesas (56%), holandesas (51%)– son las que más se quejan de tales comportamientos, al contrario que las portuguesas (8%), polacas (12%) y las austriacas (15%).

El temor a una posible agresión por parte de la pareja está llevando a adoptar incluso medidas preventivas. En el Reino Unido, acaba de entrar en vigor la Clare’s Law, según la cual, las inglesas y galesas tienen derecho a requerir de la policía los antecedentes de su pareja. Esta forma algo dudosa de construir una relación supuestamente basada en el amor y la confianza no hace distingos, ni aun cuando los cargos de que fue acusado el hombre no fueron probados (El País, 25-11-2013). De igual manera, la policía, motu proprio, puede ofrecer esa información, sin que la mujer la haya pedido. Sea como fuere, cada petición se estudia de manera personalizada, por lo que en ciertos casos no se procede a facilitar el expediente del varón. Durante el periodo de prueba –14 meses– de esta ley, se recibieron 386 solicitudes que dieron lugar a 111 informes sobre la pareja remitidos a las mujeres (The Daily Telegraph, 8 de marzo de 2014). Pero la medida ha sido muy discutida por quienes ven ahí un permiso para que la policía se entrometa en las vidas privadas.

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