Ha llegado el verano, y el público –el que puede permitírselo– alista las maletas y las ideas: un crucero por las islas griegas, una foto “sosteniendo” con los brazos la torre de Pisa –que jamás se caerá, gracias a los millones de turistas que adoptan la misma rara postura sobre el césped circundante–, aquel viaje a “New York!, New York!”, tantas veces postergado…
Parte del respetable, sin embargo, optará por variantes menos clásicas, como el “turismo rojo”: viajar a lugares significativos para la ideología comunista, como las aldeas por las que caminaron los guerrilleros de Mao durante la Revolución china, o las localidades en que combatió el Che Guevara en Cuba y Bolivia, sitios en los que el turista podrá validar sus convicciones ideológ…
Contenido para suscriptores
Suscríbete a Aceprensa o inicia sesión para continuar leyendo el artículo.