La doble cara de los empleos no tradicionales

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En las discusiones occidentales sobre el futuro del mercado laboral se ha puesto de moda el término “economía gig”, en referencia a la palabra inglesa que designa un pequeño concierto en el que el músico se encarga no solo de interpretar las canciones, sino también de la infraestructura y la organización: un “bolo”, en la jerga artística. Por analogía, el trabajador gig no tiene un soporte institucional que le asegure unos ingresos estables (una empresa que le pague la nómina cada mes), sino que se va ganando el sustento a base de trabajos puntuales, ya sean encargos de otros o iniciativas propias que luego trata de vender a terceros. Tampoco tiene propiamente un lugar de trabajo, una sede del negocio, p ...

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