No se puede obligar a una agencia de adopción a admitir parejas homosexuales

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Duración lectura: 4m. 15s.
No se puede obligar a una agencia de adopción a admitir parejas homosexuales

Ayuntamiento de Filadelfia

 

En una sentencia muy esperada, el Tribunal Supremo de EE.UU. ha dado la razón, por unanimidad, a una agencia católica de adopción que rehúsa recomendar a parejas homosexuales como padres de acogida.

Catholic Social Services (CSS), de la archidiócesis de Filadelfia, es una de las casi treinta entidades privadas que seleccionan padres de acogida para niños bajo la tutela del ayuntamiento de la ciudad.

Aunque una ordenanza municipal de 1982 obliga a los establecimientos y servicios locales a atender al público sin hacer diferencia por orientación sexual –entre otras cosas–, CSS no certifica para la acogida de menores a parejas homosexuales. Sin embargo, en cincuenta años de colaborar con el ayuntamiento, nunca ha provocado una queja por ese motivo. Los voluntarios homosexuales acuden a otras agencias.

En 2018, a raíz de unas informaciones de prensa sobre la política de CSS, el ayuntamiento exigió a la entidad que admitiera parejas homosexuales. CSS se negó y el ayuntamiento decidió no renovar el contrato de colaboración. Entonces CSS y tres padres de acogida recurrieron a la justicia.

Un precedente discutido

Los tribunales fallaron a favor del ayuntamiento invocando una sentencia del Tribunal Supremo de 1990, Employment Division v. Smith. Aquel caso trataba de dos miembros de una tribu india de Oregón que en sus ceremonias religiosas tradicionales consumían peyote, que entonces estaba prohibido por ley estatal, y fueron despedidos por eso. El estado les denegó el subsidio de desempleo por considerar que el despido estaba justificado. El caso llegó al Supremo, que falló en contra de los trabajadores.

La sentencia de 1990, redactada por Antonin Scalia, afirmó que no era inconstitucional una restricción a la libertad religiosa si era una consecuencia “accesoria” de una norma de “aplicación general”. Como la prohibición del peyote se imponía a todos los ciudadanos, no era discriminatoria para quienes lo consumían por motivos religiosos. El estado podía admitir una excepción en ese caso, pero no estaba obligado.

La sentencia no resuelve el fondo del asunto e invita a nuevos pleitos con ocasión de normas sobre cuestiones de género y otras semejantes

El criterio Smith ha sido siempre muy discutido, pues pasa por alto el carácter específicamente religioso de algunas prácticas. Por ejemplo, ha dicho el juez del Supremo Samuel Alito a propósito del caso de CSS, si una autoridad prohibiera de modo general circuncidar a niños –cosa que propuso hacer la ciudad de San Francisco en 2010–, actuaría en conformidad con la sentencia Smith pero limitaría claramente la libertad religiosa de judíos y musulmanes. De hecho, la jurisprudencia posterior del Supremo manda buscar un “acomodo razonable” para las prácticas que se apartan de una norma general, antes de imponer una restricción sustancial a la libertad religiosa, que solo se justificaría por una necesidad pública imperiosa imposible de satisfacer de otra manera.

La cuestión de fondo queda pendiente

La última sentencia, Fulton v. Philadelphia, redactada por el presidente, John Roberts, contradice a los tribunales inferiores pero sin revocar el precedente Smith. Se basa en un aspecto concreto del caso y no entra a la cuestión de fondo. Según su argumentación, la ordenanza de Filadelfia no es una norma de aplicación general para las agencias de adopción, porque en el contrato con ellas, el mismo ayuntamiento permite que puedan sean eximidas de cumplirla en algún aspecto. Y si da esa posibilidad a todas las agencias, pero la niega a CSS, infringe la libertad religiosa.

Los otros magistrados de la mayoría conservadora, en cambio, no creen que se deba mantener el precedente. La juez Amy Coney Barrett, en un voto concurrente al que se suman Brett Kavanaugh y –en parte– el liberal Stephen Breyer, dice que el criterio Smith debería ser sustituido por otro, cuando el Tribunal llegue a un acuerdo sobre el nuevo. En cambio, Samuel Alito en su voto concurrente, apoyado por Clarence Thomas y Neil Gorsuch, sostiene que habría que haber revocado sin más la sentencia Smith, que ninguno de los nueve jueces ha defendido.

A falta de eso, señala Alito en su voto, bastaría que el ayuntamiento de Filadelfia retirara del contrato con las agencias la cláusula que autoriza excepciones a la ordenanza, para que pudiera vetar a CSS sin quebrantar la libertad religiosa, según el criterio Smith. El caso volvería a la situación inicial, porque el Supremo no ha aclarado la cuestión general: en qué condiciones se puede eximir de cumplir una norma a una persona o institución que objeta a ella por motivos de conciencia o creencia religiosa.

Así, la sentencia Fulton invita a nuevos pleitos con ocasión de normas sobre asuntos de género y otros semejantes. El caso de las Hermanitas de los Pobres, que rehúsan incluir los anticonceptivos en la cobertura médica de sus empleados, tampoco quedó definido y ha llegado al Supremo por segunda vez.