El arduo camino al paraíso

La matanza de 72 inmigrantes indocumentados perpetrada hace unos días en México por una red de criminales organizada ha abierto los ojos de la sociedad a una realidad silenciada hasta el momento.

La opinión pública internacional ha tendido siempre a criticar la política de inmigración de Estados Unidos: bien por la crudeza con la que trata a los inmigrantes indocumentados dentro del país, bien por la desproporción de los medios de control que establece en sus fronteras para evitar el flujo de inmigración ilegal: muros, militarización, etc. Pero el camino hacia el sueño americano no acaba necesariamente en la frontera americana con la deportación de rigor; en muchas ocasiones ni siquiera tiene esa posibilidad.

Según Zenit, el año pasado otras organizaciones civiles, la Iglesia católica y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos denunciaron e hicieron pública la “tragedia humanitaria” del secuestro a inmigrantes sin que el Instituto Nacional de Migración promoviera ningún cambio en el diseño y ejecución de la política migratoria.

Justo un mes antes, la Casa del Migrante de la diócesis de Saltillo denunciaba en su 6º Informe sobre la situación de los derechos humanos de los inmigrantes a su paso por México que la política migratoria mexicana centrada en la contención y control de flujos migratorios era incapaz de proteger, respetar y garantizar los derechos humanos de esta población.

Sólo ahora, el Gobierno mexicano, como consecuencia de la masacre, ha prometido una nueva estrategia para proteger a los inmigrantes en la que se incluirá una mejor coordinación entre el Estado y las distintas Agencias Federales para desmantelar las bandas de secuestradores y desbaratar sus fuentes de financiación.

54 Casas del Inmigrante

La Archidiócesis de México está volcada en la ayuda a los inmigrantes ilegales que pasan por el país en condiciones pésimas. Las Pastoral de la Movilidad Humana es un organismo de la Conferencia Episcopal mexicana que ofrece una misión en red al servicio de los inmigrantes, refugiados y víctimas de la trata. Esta labor se lleva a cabo fundamentalmente a través de las 54 Casas del Inmigrante repartidas por el territorio mexicano, desde Chiapas a Baja California, donde los inmigrantes encuentran refugio y descanso además de comida y ropa.

Entre sus prioridades también se encuentra la de solicitar por parte de la Administración una respuesta adecuada a las necesidades de seguridad de los inmigrantes llevando incluso una denuncia a Washington que las autoridades mexicanas trataron de desmentir.

“Así como exigimos que las autoridades de nuestro país vecino traten con respeto y dignidad a nuestros connacionales, en México debemos aplicar a todos aquellos que cruzan nuestras fronteras en busca de una mejor calidad de vida, un trato respetuoso y justo, sin denigrar sus derechos”, manifestaba tras la matanza monseñor Víctor René Rodríguez, Secretario General de la Conferencia Episcopal Mexicana.

Disminuye el número de inmigrantes ilegales

Además de la prueba mexicana, la crisis parece haber afectado también al deseo de muchos de alcanzar el sueño americano. Tras alcanzar la cota más alta, de 12 millones, en 2007, el número de inmigrantes ilegales en Estados Unidos ha disminuido hasta situarse en 11,1 millones en 2009. Esto suponía que un 28% de los 39,4 millones de extranjeros en Estados Unidos eran inmigrantes ilegales; el resto inmigrantes legales y ciudadanos naturalizados.

Los datos muestran que un año de recesión de la economía americana, junto con una mayor intensidad en el control de la inmigración en la frontera sudoeste, han tenido como resultado una reducción de al menos 900.000 inmigrantes ilegales. Según el Pew Hispanic Center es la primera vez en dos décadas que la disminución es significativa

Curiosamente, mientras en los dos últimos años el núcleo más candente del debate sobre inmigración ha tenido lugar en Arizona, no ha sido éste el estado con mayor decrecimiento de la inmigración ilegal entre 2007 y 2009. Florida, Virginia y Nevada muestran una mayor disminución, probablemente porque la gran actividad de estos estados en la construcción y en la industria, que en su día atrajo a muchos inmigrantes legales, ha decaído también.

Estados Unidos, el país que más refugiados acoge

La opinión pública ha generado una imagen de Estados Unidos como un país en el que se ponen toda clase de trabas para entrar si uno no tiene la tan deseada nacionalidad americana (cfr. Aceprensa 27-08-2010). A menudo esto se percibe como una actitud poco acogedora hacia las personas que vienen de fuera, no sólo los inmigrantes ilegales. Probablemente es consecuencia de la indignación que provocan las largas esperas que hay que hacer en los aeropuertos norteamericanos para entrar en el país bajo el arco de “inmigración”.

Sin embargo, esa percepción no es tan real como la pintan algunos. Muy poca gente conoce por ejemplo que Estados Unidos se ha convertido en una referencia por su generoso plan de refugiados. Es el país con más refugiados del mundo, más que el resto de países juntos. Frente a los lentos procesos del resto del mundo, las solicitudes de asilo al Gobierno americano suelen procesarse en menos de un año.

En 2008, Estados Unidos concedió asilo a 22.930 personas, Y otros 60.100 refugiados, la mayoría procedentes de Myanmar, Irak y Bután, fueron trasladados a suelo americano desde su primer país de asilo.

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