Un peculiar fondo de pensiones sindical triunfa en Quebec

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En muchos sitios los sindicatos consideran a los fondos de pensiones como accionistas rapaces, que solo buscan la mayor rentabilidad aunque sea a costa del empleo. Sin embargo, en Quebec el principal sindicato ha creado un fondo que ayuda a salvar empleos y además es rentable. Frédéric Lemaître lo cuenta en Le Monde (27 enero 2001).

Este fondo de pensiones fue creado en 1983 por el principal sindicato de Quebec -la Federación de Trabajadores de Quebec (FTQ)- a fin de favorecer el mantenimiento y la creación de empleo en la provincia canadiense. “En aquella época -explica Henri Massé, presidente de FTQ- teníamos tres objetivos. En primer lugar, repartir los riesgos. Cuando los financieros dejaban de prestar a una empresa, no era raro que los trabajadores les sustituyeran. Y si la empresa cerraba, perdían todo: sus empleos y sus ahorros. Había que buscar un sistema para remediar esto. En segundo lugar, deseábamos disponer de un instrumento que permitiera a los trabajadores actuar, sin limitarse a denunciar un cierre. Y, en fin, queríamos proporcionar una formación económica a los militantes a fin de darles un arma”.

De los 3,7 millones de quebequenses en edad de trabajar, más de 426.000 confían hoy al Fondo de Solidaridad una parte de sus ahorros, como media el equivalente de 6.860 euros. Con estos recursos, el Fondo ha invertido cerca de 2.500 millones de dólares canadienses (1.795 millones de euros) en más de 1.600 empresas, lo que ha permitido salvar o crear 90.000 empleos: 49.000 directos y 51.000 indirectos.

El gobierno federal y el de Quebec le conceden reducciones de impuestos que pueden llegar hasta el 80% de las sumas invertidas, es decir, un 30% más que a los otros fondos canadienses. En diez años, el fondo obtiene una rentabilidad media del 7,2% anual, lo que asegura un bonito capital en el momento de la jubilación.

El Fondo de Solidaridad se ha convertido en una verdadera institución financiera con el mismo título que la Caja de Ahorros de Quebec, (…) y hoy constituye uno de los raros asuntos que suscitan unanimidad en la provincia.

Al principio, el Fondo tenía la reputación de invertir en las empresas que iban mal para defender el empleo de los trabajadores afiliados, pero ya no es así. A finales de 1999 rehusó ayudar a la compañía aérea Inter-Canadien, que atravesaba dificultades, a pesar de las insistentes demandas de varios centenares de trabajadores afiliados al sindicato FTQ. El Fondo invierte en todos los sectores, excepto en el pequeño comercio. Principalmente en la economía tradicional, la más importante en términos de empleo en Quebec y a menudo marginada por los mercados financieros, pero también en sectores que exigen mucho capital en relación con el número de empleos creados. Por ejemplo, ha invertido en cerca de 40 empresas de biotecnologías.

El Fondo de Solidaridad es un accionista exigente. Antes de invertir en una empresa, estudia no solo su balance financiero sino también su balance social. Durante dos o tres días, un “agente de desarrollo” interroga a la dirección y a los asalariados y pondera su política social así como las consecuencias que tendrá sobre el empleo una inversión del Fondo en el conjunto del sector.

Otra exigencia del Fondo hace referencia a que las empresas en las que invierte se comprometen a dedicar 40 dólares por año y asalariado para darles una formación económica adecuada. Los participantes en los cursos (de dos días) son elegidos por la empresa y por el sindicato, si está implantado en ella; los ponentes son asalariados del Fondo, salvo el último, que es el director de la empresa. Para muchos quebequenses, esta formación y la nueva actitud que presenta el FTQ ante la economía, explican en parte el descenso de la conflictividad laboral en Quebec.

Aunque el Fondo suele ser casi siempre accionista minoritario en el capital de las empresas, exige sistemáticamente tener al menos un representante en el consejo de administración. Por estas razones, ciertos empresarios prefieren no recurrir al Fondo salvo que se vean forzados a ello. En cambio, otros se felicitan de estas exigencias.

¿Corresponde a un sindicato transformarse en inversor? “El capitalismo cambia -explica Massé-. Las empresas cotizan en Bolsa y los sindicatos influyen cada vez menos. Es preciso que adopten nuevos instrumentos si no quieren desaparecer. El Fondo es uno de ellos”.

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