Nigeria: la carga de la deuda y del despilfarro

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Duración lectura: 5m. 27s.

Los ministros de Finanzas de 49 países africanos han pedido la cancelación total de la deuda exterior con los países acreedores de Europa y América y con los organismos internacionales. En el comunicado final de la conferencia celebrada en Abuja (Nigeria) el 14 y el 15 de mayo, los ministros defendieron esta cancelación como un medio indispensable para vencer la pobreza y liberar recursos necesarios para invertir en infraestructuras.

En Nigeria el problema de la deuda es objeto de un debate candente. El petróleo ha sido tanto una fuente formidable de ingresos como el combustible de la corrupción. Millones de dólares fueron robados o malgastados por la clase política, que no tuvo inconveniente en endeudar al país. El resultado es que Nigeria es hoy un país apenas menos pobre que cuando empezó a explotarse el maná del petróleo, y atenazado por una deuda externa estimada en 35 millardos de dólares. Ahora, un gobierno civil que se esfuerza por poner orden en las finanzas está pidiendo a los acreedores una reducción de la deuda.

Un grupo de parlamentarios ha visitado los principales países acreedores para explicar las razones que justifican un alivio de la deuda. La primera es el mismo origen de la deuda: una buena parte se debe a prácticas fraudulentas de los líderes corruptos de pasados regímenes, con la connivencia de bancos y compañías occidentales. No es justo que la población actual (130 millones de habitantes) deba pagar las consecuencias de esos abusos, dedicando a la devolución de la deuda recursos indispensables para el desarrollo del país.

Los créditos se dieron a gobiernos de dudosa garantía. Muchos de los proyectos para los que se pidieron los créditos nunca fueron ejecutados. Y los pocos que se llegaron a inaugurar han sido una nueva sangría de fondos públicos, por la corrupción y la mala administración. Ejemplos abundan: los altos hornos de Ajeokuta, la planta de aluminio en Port Harcourt, las refinerías…

Nigeria ha sido tradicionalmente clasificada como uno de los países más corruptos del mundo. Si los pasados dictadores y sus colaboradores devolvieran lo robado y depositado en el extranjero, Nigeria probablemente podría pagar una buena parte de la deuda. Algo se ha recuperado de esos fondos con la colaboración de algunos países europeos, pero es un porcentaje ridículo del total de la deuda.

La segunda razón para la cancelación de la deuda es que no se puede devolver ni aunque se quiera. En 2003 se destinó al pago de intereses un 30% del presupuesto de aquel año. El año pasado se pagaron 1,5 millardos de dólares. Ni siquiera los ingresos del petróleo bastan para asegurar la devolución. La deuda inicial en 1983 ascendía a 17 millardos de dólares con los países acreedores del Club de París más otros 10 millardos de deuda privada. Y esa misma deuda ha crecido hoy a casi 35 millardos, por la acumulación de intereses no pagados.

Mientras tanto, el cambio de la moneda nacional (naira) frente al dólar se ha deteriorado. En 1983 el cambio era de un dólar por 2 nairas; ahora un dólar equivale a 140 nairas. Y la deuda ha de pagarse en dólares.

Lucha contra la corrupción

Otro motivo para reclamar la cancelación total o parcial de la deuda es la mayor solvencia del equipo económico del actual gobierno. El presidente Olusegun Obasanjo y algunos ministros parecen actuar con determinación en la lucha contra la corrupción, precisamente para mejorar su credibilidad ante los acreedores. Cuando se demostró la existencia de fraudes, varios ministros y el jefe de la policía fueron destituidos.

Pero Nigeria tiene abundantes ministros, jefes de empresas paraestatales y 36 estados cuyos gobernadores fueron elegidos democráticamente, y cuyo mandato no depende del presidente. Y entre ellos hay quienes administran muy mal, y con poca transparencia, los fondos del petróleo que tienen asignados. Sus frecuentes viajes al extranjero, sus extravagantes gastos en coches de lujo y propiedades, casas y empresas a su nombre o de sus familiares, son prácticas no excepcionales, mientras que los empleados públicos no cobran sus sueldos y la población sufre las carencias de servicios públicos de electricidad, agua, carreteras, enseñanza. Este panorama no contribuye a lograr credibilidad a la hora de pedir la cancelación de la deuda.

¿Cómo salir de ese atolladero que está estrangulando el desarrollo? Los países industrializados exigen que para considerar una reducción de la deuda se implanten reformas económicas dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Nigeria se ha negado a adoptarlas, pero ha ofrecido su propio programa de reformas y ha invitado al FMI a evaluar su validez y efectividad. El actual equipo económico está procurando imponer disciplina en un sistema tradicionalmente corrupto y despilfarrador. Entre otras cosas, el aumento del precio del petróleo ha generado unos ingresos inesperados, sin que el gobierno se haya apresurado a gastarlos.

El problema es complejo. Las mismas reformas que se exigen para cancelar la deuda, no pueden llevarse a cabo sin ayuda exterior. Se necesitan inversiones para diversificar la economía dependiente del petróleo. Algo se ha conseguido con el presente régimen: en los ingresos exteriores se ha pasado de una dependencia del petróleo del 90% al 80%. El sector que más se ha desarrollado es el de las telecomunicaciones, con la decisión de abrir al sector privado la telefonía móvil, que ha tenido un gran éxito.

Nigeria está esforzándose por introducir reformas socio-económicas, pero todavía no goza de mucha credibilidad ante los acreedores y de hecho no ha obtenido concesiones o alivios de la deuda.

Recientemente el primer ministro británico, Tony Blair, reconoció durante la campaña electoral que la carga de la deuda era insostenible para los países africanos. También a principios de este año, durante una gira por algunos países africanos, el ministro de finanzas británico Gordon Brown se comprometió a impulsar dentro del G-8 -el grupo de los países más ricos- la condonación de la deuda exterior, el aumento de la ayuda al desarrollo y la rebaja de las barreras comerciales a las exportaciones africanas. El próximo julio, durante la reunión del G-8, deberán concretarse estas medidas.

____________________Con informaciones de Jide Martins desde Lagos.