Los microcréditos arraigan en el África francófona

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El microcrédito es un sistema de pequeños préstamos a bajo interés para personas con pocos recursos que desean empezar un negocio familiar o mantener unos ahorros. En los países en desarrollo empezó a aplicarse en los años 70, en Bangladesh. Rápidamente se ha ido extendiendo por otros países, como algunos del área francófona de África.

A principios de febrero de este año, en la primera cumbre mundial del microcrédito, en Washington, se estudió la situación actual de los microcréditos en todo el mundo y los planes de cara al año 2005 (ver servicio 40/97).

Por lo que se refiere a su implantación en seis países africanos de influencia francesa, el microcrédito ha crecido, en buena medida, gracias al Centro International de Crédito Mutuo (CICM). Este organismo fue fundado por las Cajas de Crédito francesas para ayudar a los africanos a crear sus propias mutuas de ahorro y crédito. Las mutuas promovidas por el CICM en África cuentan hoy con 350.000 socios activos, 800 asalariados y centenares de cajas de ahorro, según datos recogidos en Le Monde (16-VII-97). En Senegal, las Mutuas de Crédito están formadas por 55.000 socios, diez veces más que en 1990; las de Guinea, por 60.000 socios; las de Costa de Marfil cuentan con otros 67.000 y la de Congo con 73.000. El sistema de microcréditos también está bastante desarrollado en la República Centroafricana (16.000 socios) y en Burundi (82.000 socios). Por el interés de otras instituciones extranjeras han nacido también bancos de microcrédito en Malí y en Burkina-Faso.

Las cooperativas de crédito y ahorro comenzaron con más fuerza en el campo y ahora se desarrollan especialmente en las ciudades. Permiten ahorrar o recibir un crédito a gente que no tiene dinero como para abrir una cuenta en un banco tradicional.

Otra virtualidad de los microcréditos es que permiten a las poblaciones emanciparse de los usureros. Así, desde que se abrió una caja de crédito en M’Bour, uno de los primeros puertos pesqueros de Senegal, las mujeres pueden comprar el pescado y revenderlo gracias a préstamos cuyo interés anual ronda el 18%, en lugar de tener que pedir el dinero a pescaderos o usureros, que cobran intereses de hasta el 50% semanal.

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