“Las plantas transgénicas se aceptarán como un avance biotecnológico para beneficio de la Humanidad”

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Duración lectura: 10m. 51s.

Juan Ramón Lacadena, catedrático de Genética de la Universidad Complutense
La UE se prepara para levantar la moratoria vigente sobre las semillas y productos transgénicos. Pocas innovaciones han provocado tanto debate como las plantas genéticamente modificadas, arma para luchar contra el hambre en el mundo, según unos, o factor de riesgo para la salud y el medio ambiente, según sus detractores. La Organización Mundial de la Salud se pronunció ya en su terreno, dictaminando que todos los alimentos transgénicos que hay actualmente en el mercado han pasado evaluaciones minuciosas, que no han revelado ningún riesgo para la salud humana (1). Juan Ramón Lacadena, catedrático de Genética de la Universidad Complutense, considera que “las plantas transgénicas se aceptarán como un avance biotecnológico para beneficio de la Humanidad”.

En todo el mundo, unos seis millones de agricultores de 16 países cultivan transgénicos en 58,7 millones de hectáreas. Y desde que en 1996 se comercializaron los cultivos transgénicos, la superficie crece a un ritmo sostenido del 10% anual. El 77% de los granos transgénicos son reproducidos con tolerancia a los herbicidas, el 15% con resistencia a insectos y un 8% combinan ambas.

Cuestión de métodos

— Polémica y moratoria comunitaria aparte, ¿qué aporta la ingeniería genética molecular a los métodos convencionales de mejora de plantas?

— El método convencional tiene varios inconvenientes, como son las muchas generaciones que se requieren y, en ocasiones, la limitación que supone la reproducción sexual cuando lo que interesa es introducir el gen de otra especie. Y con más razón si esta otra especie ni siquiera pertenece al reino vegetal, sino que se trata de una especie bacteriana o animal.

Las técnicas de ingeniería genética molecular suponen un método alternativo de incorporación de un gen deseado en el genoma de una planta mediante la obtención de plantas transgénicas. No debe olvidarse que, una vez introducido el gen deseado, los procesos de selección son similares a los empleados en los métodos convencionales.

— ¿Podría ponernos algunos ejemplos?

— Desde hace más de tres décadas se viene utilizando en agricultura y jardinería un insecticida especialmente eficaz contra las larvas de los lepidópteros: su eficacia reside en la proteína Bt producida por la bacteria Bacillus thuringiensis. Pues bien, la ingeniería genética molecular ha permitido identificar y aislar el gen bacteriano que codifica para la proteína Bt y se ha logrado transferirlo a plantas transgénicas de algodón, patata, tomate y maíz, haciéndolas resistentes a los insectos.

Otro caso muy interesante ha sido la obtención de plantas transgénicas de soja, algodón, maíz o colza a las que se ha incorporado un gen que produce la tolerancia al principio activo (por ejemplo, el glifosato) de los herbicidas de amplio espectro. Esto permite eliminar las malas hierbas de especies de hoja ancha y crecimiento cespitoso tratando los campos con herbicidas que no dañan al cultivo.

Más beneficios que riesgos

— ¿Qué ventajas presentan los cultivos transgénicos resistentes a herbicidas?

— Eliminan la necesidad del tratamiento pre-emergencia. Reducen las labores de cultivo y la erosión, y mantienen la humedad del suelo. Ayudan también a conservar la microfauna y la flora. Hay que tener en cuenta que el glifosato y el glifosinato -los principios activos de los herbicidas utilizados con las plantas transgénicas- son menos persistentes que cualquier otro herbicida, por lo que se reducen así los residuos tóxicos en las aguas subterráneas.

— ¿No tienen riesgos potenciales?

— La transferencia de genes de resistencia a herbicidas en especies silvestres afines. El tratamiento con herbicidas de los márgenes de los cultivos podría perjudicar a la biodiversidad y favorecer el desarrollo espontáneo de plantas tolerantes. De ahí que sería aconsejable diversificar los tipos de herbicidas para mantener la biodiversidad de las poblaciones silvestres.

Efectos ambientales

— ¿Las variedades resistentes a herbicidas no incrementarán notablemente el uso de éstos con la posibilidad de contaminar suelo y agua?

— No todos sostienen esa posibilidad. Hay quienes defienden todo lo contrario. Pero no olvide que la obtención de resistencia genética a diferentes plagas y enfermedades implicará un menor uso de pesticidas.

— La literatura científica refleja ya un primer caso de transferencia de un gen que da resistencia a un insecticida en plantas transgénicas de colza a plantas de rábano cultivado en su proximidad.

— Esta prueba científica dará más fuerza a las argumentaciones de los que se oponen a la utilización de los transgénicos. No obstante -sin menoscabo de la prudencia aconsejable en la utilización de cultivos transgénicos-, es importante poner de manifiesto que situaciones similares pueden producirse con plantas mejoradas mediante procedimientos genéticos convencionales y nunca nadie ha manifestado su alarma.

— ¿Ventajas de las plantas con genes Bt resistentes a insectos?

— Reducen el uso de insecticidas químicos tóxicos y el impacto sobre insectos no nocivos, como la abeja, parasitoides y predadores. Aportan, además, un control más efectivo de la plaga al expresarse la proteína Bt en todos los tejidos de la planta en cualquier momento.

— ¿Tiene efectos nocivos el gen Bt en el ser humano?

— Se ha comprobado que el gen Bt resulta inofensivo tanto para el hombre como para las abejas y otros insectos benignos. Noticia importante que debe dar tranquilidad al consumidor, si tenemos en cuenta que no sólo hay maíz Bt, sino que también están autorizados los cultivos de patata Bt y algodón Bt. No hace mucho, Gatehouse y su equipo revisaron la cuestión de la posible influencia nociva del polen Bt del maíz. Su conclusión —aparecida hace ahora un año en Trends in Genetics— es que no existe un riesgo significativo.

Coexistencia entre transgénicos y convencionales

— ¿Cuál es la situación de los transgénicos en España?

— El cultivo de maíz transgénico ocupa unas 20.000 hectáreas, la mayoría en el Valle del Ebro (Zaragoza, Huesca y Lérida), y el resto en Extremadura y Castilla-La Mancha. El Ministerio de Agricultura ha autorizado la comercialización de cinco variedades de maíz transgénico Bt resistentes al taladro (11 de marzo de 2003). Como sucedió con las otras dos variedades de maíz autorizadas en 1998, estas nuevas autorizaciones vienen condicionadas a un Plan de Seguimiento con una duración mínima de cinco años.

Al menos en teoría, las medidas propuestas suponen una cierta garantía de seguridad para evitar los problemas ecológicos y de contaminación. Estas autorizaciones son las primeras que se formalizan en la Unión Europea desde que se estableció la moratoria sobre los organismos modificados genéticamente. Podría decirse que es el final de otra batalla.

— ¿Cómo está la situación internacional y europea?

— En agosto de 2002, la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) emitió un informe sobre la evolución de la población mundial y la agricultura prevista para los próximos años 2015 y 2030 en el que se pronunciaba a favor de las nuevas técnicas biotecnológicas, defendiendo con cautela el uso de los cultivos transgénicos.

En la Comunidad Europea se está planteando la coexistencia de cultivos transgénicos con los convencionales y los orgánicos. El Comisario de Agricultura, Franz Fischler, ha elaborado una Comunicación a la Comisión y convocó una mesa redonda (24 de abril de 2003) para discutir estos temas con representantes de las instituciones europeas, los Estados miembros y los sectores afectados (agricultores, compañías de semillas, ONG).

— ¿Es posible la coexistencia pacífica entre transgénicos y convencionales?

— La coexistencia de los cultivos transgénicos (cultivos GM) y los convencionales (cultivos no GM) puede plantear problemas en relación a la mezcla adventicia de los cultivos GM y los cultivos no GM que pueda resultar de impurezas de la semilla, la polinización cruzada, la resiembra de los propios agricultores, las labores de cosecha y almacenamiento o el transporte. La Comisión prepara una propuesta que establece tres umbrales permisibles de mezcla en los lotes comerciales de semillas (0,3%, 0,5% y 0,7%), según el tipo de cultivo.

— ¿Habría que diferenciar los aspectos financieros de los sanitarios y ecológicos?

— Es importante diferenciar los aspectos económicos de los ambientales y sanitarios. Puesto que en el espacio comunitario sólo pueden sembrarse los cultivos transgénicos previamente autorizados y la Directiva cubre los aspectos ambientales y de salud, el tema de la coexistencia de cultivos GM y no GM debe quedar restringido a los aspectos económicos derivados de la presencia adventicia de transgénicos y la viabilidad y costes de las medidas encaminadas a reducir la mezcla de cultivos transgénicos y no transgénicos. Por ejemplo, distancias de aislamiento entre campos, zonas intermedias de amortiguación, barreras de polinización, rotación de cultivos y calendarios de siembra para diferir los períodos de floración, supervisión durante el cultivo, recolección, almacenamiento, transporte y procesado. La discusión sobre los cultivos de maíz y colza transgénicos son los prioritarios, puesto que ya han sido autorizados en la Unión Europea.

La extensión de los cultivos transgénicos crece un 10% anual

Clive James, Presidente del International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications (ISAAA), en su informe de enero de 2003 resume cuál era la situación mundial de los cultivos transgénicos en 2002.

Entre 5,5 y 6 millones de agricultores de 16 países cultivaron 58,7 millones de hectáreas (mha) de plantas transgénicas, un 12% más que el año anterior. Desde 1996 en que se iniciaron los cultivos transgénicos a escala comercial, el incremento de superficie cultivada se ha mantenido a un ritmo anual en torno al 10%.

El 99% de superficie cultivada con plantas transgénicas corresponde a cuatro países: Estados Unidos, con el 66% del total; Argentina, con el 23%; Canadá, con el 6%, y China, con el 4%.

Por especies, las plantas transgénicas más cultivadas fueron la soja (36,5 mha, que supone el 62% de la superficie cultivada), el maíz (12,4 mha, 21%), el algodón (6,8 mha, 12%) y la colza (3,0 mha, 5%).

Los terrenos sembrados de soja, maíz y algodón tolerantes a herbicidas supusieron el 75% de los cultivos transgénicos, siguiéndoles a distancia los cultivos Bt resistentes a las orugas de lepidópteros (un 17%) y en tercer lugar los cultivos de algodón y maíz que incorporan tanto la tolerancia a los herbicidas como la resistencia a los insectos mediante la proteína Bt (un 8%).

La proporción de cosechas de transgénicos cultivadas fuera de la OCDE ha aumentado hasta el 27% en 2002, es decir, el equivalente de 16 mha. Estos cultivos están más extendidos en Argentina, China y Sudáfrica, mientras que la India ha plantado 45.000 hectáreas de algodón transgénico por primera vez en 2002.

La UE se prepara para poner fin a la moratoria

La muralla antitransgénica que desde 1998 había alzado la Comisión Europea, invocando los posibles efectos sobre la salud humana y el medio ambiente, empieza a ceder.

El pasado 26 de mayo, el consejo de ministros de Agricultura trató en Bruselas la posibilidad de la coexistencia de cultivos transgénicos y tradicionales. El ministro español Miguel Arias Cañete afirma que “las reglas de trazabilidad y etiquetado adoptadas por la Unión Europea son suficientes para levantar la moratoria, y cuanto antes lo hagamos, mejor”. Arias Cañete está convencido de que los transgénicos “no suponen ningún riesgo para la salud”.

España lidera, junto con el Reino Unido, la clasificación de países europeos con más cultivos transgénicos. Francia no es partidaria de levantar la barrera sin garantizar la seguridad total de los consumidores y establecer las responsabilidades en caso de contaminación de cultivos. Alemania, dentro de su nueva estrategia de acercamiento a Estados Unidos tras el fin del conflicto con Irak, parece que estaría dispuesta a aliarse con Bruselas y España para poner fin a la moratoria y abrir el mercado europeo a las importaciones estadounidenses.

Estados Unidos cree que la moratoria europea a los organismos genéticamente modificados no se sostiene sobre pilares científicos, sino que es una decisión política. Por eso ha denunciado a la UE ante la Organización Mundial del Comercio.

En Europa hay cultivos transgénicos, sobre todo de maíz y soja, utilizados para alimentar al ganado. España tiene ya 25.000 hectáreas de maíz.

Carlos CachánCarlos Cachán es profesor de Periodismo de investigación y director de la Cátedra Fundación Santa María de Desarrollo y Medio Ambiente de la Universidad Antonio de Nebrija.____________________(1) Ver servicio 140/02: “Preguntas y respuestas de la OMS sobre los alimentos genéticamente modificados”.

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