Impuestos a los ricos: ¿Economía o estética?

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Duración lectura: 7m. 36s.

En momentos de crisis económica, los ojos se vuelven hacia los ricos. Hay quien los mira con poca simpatía, como si sus fortunas les delataran como culpables de algún tipo de inmoralidad. Los gobiernos les piden más solidaridad mientras diseñan medidas para cobrarles más impuestos. Algunos de estos ricos se han adelantado ofreciéndose voluntariamente a pagar más.

Distintos gobiernos se plantean cómo subir impuestos a los más ricos asegurando a la vez que estos no se lleven su dinero a países con menor presión fiscal

(Actualizado el 27 de septiembre de 2011)

En momentos de crisis económica, los ojos se vuelven hacia los ricos. Los gobiernos les piden más solidaridad mientras diseñan medidas para cobrarles más impuestos. Algunos de estos ricos se han adelantado ofreciéndose voluntariamente a pagar más.

El primero en ofrecerse fue el multimillonario norteamericano Warren E. Buffet. En una carta publicada en The New York Times (14-08-2011) declaraba sentirse “mimado” por su gobierno desde hace varias legislaturas. Buffet proponía formas concretas de cortar la sangría de dinero que los ricos escabullían al fisco a través de ingresos en formas de dividendos o plusvalías.

La carta de Buffet ha debido de sonrojar a los responsables de la política fiscal estadounidense. En ella, el milllonario denuncia que los legisladores de Washington han pretendido proteger a los ricos a base de prerrogativas fiscales. Y comenta con ironía: “Es bueno tener amigos bien colocados”.

Obama le ha tomado la palabra e incluso ha citado a Buffet al prometer que vetará cualquier plan que intente reducir el déficit con recortes sociales sin incluir más impuestos para los ricos. En su discurso del pasado 19 de septiembre, aseguró que “no apoyaré ningún plan que ponga toda la carga de reducir el déficit sobre la clase media” y anunció que “pediré a los más ricos y a las grandes empresas que paguen una cantidad justa”.

En Estados Unidos y en la Unión Europea, la presión fiscal sobre los ricos ha bajado menos que sobre las rentas medias y bajas desde mediados de los años noventa

Actualmente, el tipo máximo en EE.UU. es del 35%, pero gran parte de los ingresos de los más ricos proceden de inversiones y dividendos que cuentan con exenciones fiscales. Pero el plan de Obama no podrá salir adelante sin negociar con los republicanos, que tienen mayoría en el Congreso.

Los gestos de solidaridad no se han dado solo en Estados Unidos. En Francia, 16 multimillonarios publicaron un manifiesto en el que abogan por un impuesto especial y “excepcional” para las grandes fortunas: “Sentimos que debemos contribuir”. En Italia, el jefe del emporio Ferrari ha hecho un ofrecimiento semejante. Por su parte, el movimiento Ricos por una Tasa para los Ricos reúne a varias decenas de fortunas alemanas que proponen un incremento del 10% en los impuestos de aquellos que cuenten con más de medio millón de euros de patrimonio.

Exprimir a los ricos sin espantarlos

Tanto en los países donde se han originado estas iniciativas como en muchos otros de los más desarrollados, se ha reabierto el debate sobre la tributación de los más pudientes. Las exorbitantes sumas de dinero percibidas por miembros de consejos de administración, asesores de alto rango o inversores ya eran motivo de discusión antes de la crisis, pero el actual contexto ha enconado la polémica.

Ahora bien, los ricos no están dispuestos a pagar cualquier tipo de impuesto. En el documento firmado por los 16 multimillonarios franceses, el grupo aclaraba que el nuevo impuesto debía ser “razonable” y “diseñado para evitar efectos indeseables como la fuga de capitales a otros países o el incremento en la evasión fiscal”. Esta es la discusión que se está manteniendo en el Reino Unido.

En 2009, el gobierno laborista elevó el tipo impositivo máximo hasta el 50%. La medida cuenta con un amplio respaldo social, pero desde entonces ha sido muy discutida por empresarios y por el Partido Conservador. Según estos, este tipo tan alto estaría disuadiendo de invertir en el país.

El tory George Osborne, actual ministro de Hacienda, es uno de los que ha puesto en duda la utilidad de un tipo impositivo tan alto para las grandes fortunas. Recientemente ha anunciado un plan de austeridad que incluye subidas de impuestos generalizadas y recortes en el Estado del bienestar.

La petición del Partido Conservador inglés de rebajar el tipo máximo puede resultar muy impopular, pero persigue un objetivo pragmático desde el punto de vista económico: estimular el consumo y la inversión. La recaudación adicional que obtiene el Tesoro si se suben los impuestos no es un beneficio neto para la economía nacional, pues hay que descontar lo que los contribuyentes dejarán de gastar e invertir.

En todo caso, estas consideraciones son especialmente pertinentes si se trata de subir los impuestos solo a las clases más altas. Recaudar un poco más por cabeza de millones de contribuyentes modestos retira, en total, mucho dinero del mercado, pero no reduce la inversión tan significativamente. Tiene mucho mayor efecto elevar el tipo impositivo a una minoría de ricos.

Claro que estos razonamientos pasan a segundo plano si el problema es alimentar urgentemente unas arcas públicas medio vacías. Aunque se recauda más con una subida general de impuestos, en tiempos de crisis es más aceptable exigir mayor esfuerzo solo a los contribuyentes que van holgados.

Los buenos tiempos

Al menos en Estados Unidos hay margen para hacerlo. Buffet confiesa que el pasado año tributó a una media del 17,4%, menos que los otros 20 integrantes de su oficina, cuyo tipo impositivo medio fue del 36%, aunque sus ingresos son significativamente menores.

Estas cuentas de Buffet sobre los impuestos norteamericanos concuerdan con una tendencia general observada en la mayoría de los países más desarrollados. Según Eurostat, entre 1995 y 2011 la presión fiscal sobre las rentas más altas cayó 10,2 puntos en la UE, muy por encima del descenso para las rentas medias y bajas. En este periodo, la mayoría de los países de la UE, salvo Francia, Portugal y Reino Unido, rebajaron sus tipos impositivos máximos.

Pero más allá de la rebaja del tipo máximo, el dinero de las grandes fortunas se colaba –y lo sigue haciendo– a través de dividendos, bonos o stock options que tributan a poco más del 20%. Las SICAV (sociedades de inversión de capital variable) o últimamente las SIF (fondos de inversión especializados) han sido otros de los desagües del sistema fiscal por el que han escapado, de forma absolutamente legal, parte de los ingresos de los más ricos.

Aparte de las triquiñuelas legales para pagar los menos impuestos posibles, el fraude fiscal es un agujero negro para los presupuestos de muchos países. En España, según estimaciones de Gestha –el sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda–, la evasión fiscal llegó en 2009 a los 59.500 millones de euros, una cifra que hace palidecer los 1.000 millones que el gobierno ha anunciado que recaudará con el impuesto sobre el patrimonio, suprimido en 2008 y ahora restaurado sin votos en contra en el Congreso.


Otro modelo de riqueza

Para Katye Lawton, quedarse en si imponer una nueva tasa a los ricos o no, es olvidarse del problema profundo: ¿Cómo es posible que nuestro sistema fomente que una minoría acumule tanta riqueza?

Según Lawton, cada vez es más frecuente que las empresas se muevan según “el mito del talento”: el éxito de la compañía dependería de un pequeño grupo de gente en los puestos altos que debe ser fuertemente recompensada para mantenerla motivada y leal a la empresa. Estos son los que acaban percibiendo en sus salarios los beneficios de la compañía, mientras que la mayor parte de los trabajadores no ven aumentados sus ingresos cuando las cosas van bien empresarialmente.

En su artículo, Lawton propone el modelo de la compañía inglesa John Lewis. Esta empresa, que comercializa desde comida a muebles o seguros, es propiedad de sus más de 70.000 trabajadores. No hay accionistas externos, y todos los accionistas reciben el mismo incremento salarial cuando las cosas van bien. El año pasado esta subida fue del 18%. Los empleados-propietarios dicen sentirse más motivados, y el rendimiento comercial así lo atestigua por ahora. Su lema, y parece que lo están consiguiendo, es que “la felicidad de los trabajadores debe ser el eje de toda la actividad comercial”.

La revista Trabajo, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dedicó al modelo de John Lewis un amplio reportaje en 2006. En él se destaca la filosofía de familia que da forma a la compañía, una filosofía que Lawton considera la alternativa al modelo de los “grandes talentos”.