Habla Juan Pablo II: Alimentos y población

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Del discurso dirigido a los participantes en la Cumbre de la Alimentación organizada por la FAO (13-XI-96).

(…) Como vosotros habéis constatado, las consideraciones demográficas no explican, por sí solas, la distribución deficiente de los recursos alimenticios. Hay que renunciar al sofisma que consiste en afirmar que ser numerosos, es condenarse a ser pobres. Una población numerosa puede revelarse fuente de desarrollo porque implica cambios y demanda de bienes. Ahora bien, esto no quiere decir, evidentemente, que el crecimiento demográfico pueda ser ilimitado.

Cada familia tiene en este campo deberes y responsabilidades propias. Las políticas demográficas de los Estados deben respetar la dignidad de la naturaleza humana, así como los derechos fundamentales de las personas. Pero sería una ilusión creer que una estabilización arbitraria de la población mundial, o incluso su disminución, podría resolver directamente el problema del hambre: sin el trabajo de los jóvenes, sin la aportación de la investigación científica, sin la solidaridad entre los pueblos y entre las generaciones, los recursos agrícolas y alimenticios llegarían a ser cada vez más inseguros, y los grupos familiares más pobres de las diversas poblaciones quedarían muy por debajo del límite de la pobreza y excluidos de los sistemas económicos.

Conviene recordar asimismo que las poblaciones sometidas a condiciones de inseguridad alimentaria se encuentran a menudo oprimidas por situaciones políticas que les impiden trabajar y producir con normalidad. Pienso, por ejemplo, en los pueblos que están siendo devastados por conflictos de todo tipo o que soportan el peso, en ocasiones asfixiante, de la deuda internacional, en los refugiados obligados a abandonar sus tierras, dejados muchas veces a su propio destino sin asistencia alguna, en las poblaciones víctimas de embargos impuestos sin un discernimiento suficiente.

Entre vuestros compromisos más importantes a largo plazo se encuentran los que se refieren a las formas de inversión en el sector agrícola y alimentario. (…) La seguridad alimentaria, factor de paz, no consiste solamente en reunir importantes reservas alimenticias, sino, sobre todo, en proporcionar a cada uno y a cada familia la posibilidad de disponer en todo momento de una alimentación suficiente.

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