Gran Bretaña propone un programa de ayuda a África

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Gran Bretaña ha empezado su periodo de presidencia del G-8 con una propuesta ambiciosa para ayudar a resolver los problemas de los países africanos (ver servicio 12/05). El ministro de Hacienda inglés, Gordon Brown, ha elaborado un plan de actuación que prevé, entre otras medidas, la anulación de 80.000 millones de dólares de deuda de los países pobres ante las instituciones internacionales (FMI, Banco Mundial y Banco Africano de Desarrollo).

Otra de las medidas propuestas por el ministro inglés es duplicar de 50.000 millones de dólares a 100.000 millones los créditos disponibles para los países pobres, préstamos avalados por los países ricos. En contrapartida, Gran Bretaña espera que los países beneficiados por esta ayuda combatan más la corrupción, aumenten la transparencia de la gestión de los gobiernos y hagan esfuerzos por mejorar la eficacia de la administración.

Con el objetivo de llevar a cabo este plan, el gobierno británico ha establecido una comisión de estudio para 17 países africanos cuyas conclusiones se debatirán en junio, en la próxima cumbre del G-8. Como ya adelantó el primer ministro británico, las líneas de actuación serán cuatro: más ayudas económicas, desarrollo del comercio, lucha contra las epidemias y mejora de las democracias y sistemas de gobierno. Además, para demostrar que el interés en llevar adelante esta iniciativa es real, Brown ha hecho una gira de seis días por cuatro países africanos (Kenia, Tanzania, Mozambique y Sudáfrica) a fin de ver sobre el terreno cuáles son los principales problemas que afectan a estos países.

Esta medida se enmarca dentro de la actual corriente de preocupación por la lucha contra la pobreza, que afecta especialmente al continente africano. Así, en la cumbre del Milenio de 2000, la ONU se propuso reducir la pobreza a la mitad en 2015. Por su parte, Estados Unidos ha presentado un plan de desarrollo de los países pobres (Millennium Challenge Account) que vincula las ayudas a los países a la buena gestión de los respectivos gobiernos. De la misma forma, la principal conclusión del Foro Económico de Davos, que se reunió la pasada semana, fue un mayor compromiso en la lucha contra la pobreza.

Dentro de este contexto de iniciativas, destaca un estudio realizado por un grupo de economistas, encabezado por Jeffrey Sachs. Este estudio hace hincapié en los problemas estructurales de los países africanos y las medidas que adoptar. Cinco, en su opinión, son los mayores problemas de estos países: el coste de los transportes y el reducido tamaño de sus mercados, la baja productividad de la agricultura, el problema de las enfermedades, el peso histórico de las intervenciones de gobiernos extranjeros y una lenta asimilación de las nuevas tecnologías. Para enfrentarse a estas desventajas estructurales, el estudio da una serie de recomendaciones que se deberían llevar acabo en las próximas dos décadas: aumentar la productividad agrícola, fomentar el acceso a la educación primaria de toda la población y extender la secundaria, financiar el desarrollo urbano, reducir la carga sanitaria, y mejorar la igualdad de oportunidades. Para el éxito de estas medidas, según los autores del estudio, se necesitarían 90.000 millones de dólares al año.

En los últimos días hemos tenido un gran ejemplo de que se puede reducir o incluso anular el peso de la deuda en los países pobres. Tras la catástrofe del tsunami en Asia, dentro de las medidas de ayuda a los países afectados, los organismos internacionales han facilitado el aplazamiento del pago de la deuda de estos países para contribuir a la reconstrucción, de forma que no se vea lastrada por esta carga. De la misma forma, Estados Unidos presionó y consiguió que se eliminara el pago de la deuda externa de Irak.

Todas esta medidas muestran, además de la buena voluntad de los países ricos por ayudar al desarrollo, que cuando se quiere es posible avanzar en la resolución del problema de la deuda externa.

Alejandro Huerta

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