Vida de Manolo

Libros del Asteroide. Barcelona (2008). 144 págs. 16,95 €. Traducción: Jordi Amat.

La publicación de un nuevo Pla siempre es una garantía de placer literario y puntería editorial. Libros del Asteroide entrega una nueva traducción de Vida de Manolo, una breve biografía escrita en 1927 y que llevaba más de setenta años sin ver la luz. Por entonces, el poeta Ridruejo juzgó éste el mejor libro publicado en España en treinta años. Aunque el Pla más definitivo está en sus dietarios, esta pequeña joya no defrauda, y viene a afianzar el triunfo rotundo sobre el paso del tiempo de la literatura elegante y vivaz de Pla, que no hace sino engrandecerse todavía.

El autor conoció al escultor catalán Manuel Hugué en 1919, y enseguida descubrió en su biografía picaresca y genial un filón literario donde ensayar sus dotes de retratista. Su modelo (remedado ya desde el título con la modestia irónica marca de la casa), no es otro que la Vida de Samuel Johnson de Boswell, la cumbre del género biográfico. Pla es fiel a la técnica instituida por el británico: retratar al biografiado a partir de su conversación (con las acotaciones de ambiente imprescindibles), logrando el máximo efecto de autenticidad, de presencia del protagonista, en tanto que el autor se ciñe a la función de mero transcriptor de unos testimonios formidables. Por supuesto, esta distancia respetuosa es un artificio, porque Hugué no sería hoy nada si no fuera por el estilo de Pla, quien logra dar una dimensión mítica al escultor seleccionando sabiamente los episodios más interesantes de su vida y construyendo un discurso magnético inconfundiblemente planiano.

El libro va desgranando la semblanza de un hombre ciertamente especial en una época más especial todavía: el lumpen barcelonés de fines del XIX, la bohemia parisina de principios de siglo y el difícil regreso a Cataluña tras la Gran Guerra; entre medias, las opiniones sobre lo divino y lo humano de un escultor que se codeó con Picasso, Moréas, Albéniz, Apollinaire o Santiago Rusiñol. La materia es interesante y el personaje un pícaro simpático, pero sin este Pla treintañero y ya estilista consumado, el libro no se leería con la misma fruición.

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