Una ventana al norte

Álvaro Pombo

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Anagrama. Barcelona (2004). 315 págs. 16,50 €.

A comienzos del siglo XX, en Santander, una joven de buena familia se siente oprimida dentro del mundo seguro y perdurable, o así lo parece, en el que ha nacido. Su rebeldía encuentra modo de manifestarse en la persona de un indiano que ha hecho fortuna en México y vuelve temporalmente a Cantabria con el objetivo de hacer una buena boda. La oposición de sus padres convence a la protagonista de que este hombre es el que le conviene y se fuga con él, tras lo cual se casan discretamente, con la resignada aquiescencia paterna, y se trasladan a vivir a México D.F. Este matrimonio, se convierte pronto en una rutina vacía, y el marido recupera la relación con su antigua amante. La mujer, por su parte, primero se distrae escuchando a un sacerdote en apuros económicos, asiduo visitante de la casa, pero luego se enamora de un joven indígena que forma parte de los sublevados en la revolución de los cristeros, creyentes que se oponen a las políticas anticatólicas del gobierno.

El planteamiento argumental de esta novela permite al autor un doble objetivo: reflejar la sociedad santanderina burguesa, a la que pertenecía su propia familia, en las décadas inmediatamente anteriores a su nacimiento (1939) y ofrecer su interpretación personal sobre la lucha cristera, cuyo auge tuvo lugar entre 1926 y 1929.

El intento de fundar distintas perspectivas temáticas en una novela intensa, de acción externamente lenta pero movida por fuertes turbulencias soterradas, no acaba de lograrse. La protagonista, más un prototipo que una persona concreta, no es un soporte consistente para esta compleja amalgama. Tampoco los tres personajes masculinos, marido, sacerdote y amante, pueden ayudarla mucho en esa tarea, puesto que ellos mismos no tienen una configuración psicológica fuerte.

Pombo parece haber utilizado tipos humanos que ya ha creado antes, en términos parecidos, para descargar sobre ellos su interés por el conflicto Iglesia-Estado planteado en México y por la forma en la que se resolvió, por vía política, evitando la confrontación directa. Los cristeros, movimiento de orígenes populistas, están presentados como mártires, a base de argumentos superficiales que recuerdan los presupuestos de la teología de la liberación. En cambio, la jerarquía católica, que llega a un acuerdo con el poder a base de conceder sin ceder, es criticada severamente por esta actitud contemporizadora. En paralelo, el adulterio de la protagonista se justifica o se redime por la configuración romántica y heroica de su amante, en contraposición a la poco airosa del marido. El excesivo lastre que arrastra la acción tiende a desarticularse técnicamente y el estilo, discursivo y con poco diálogo, carece de la fluidez y el humor que en el pasado ganaron tantos asiduos lectores a Pombo.

Pilar de Cecilia