Una mirada atrás

TÍTULO ORIGINALA Backward Glance

GÉNERO

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Ediciones B. Barcelona (1994). 334 págs. 2.200 ptas.

En 1934, tres años antes de su muerte, la autora publicó esta autobiografía. Algunos capítulos habían aparecido antes en diversas revistas literarias. En el prólogo escribe Wharton: “A lo largo de mi camino he encontrado atención y apoyo; y de parte de los pocos seres que me son más queridos, una comprensión exquisita. Como se verá, por lo tanto, al contar mi historia he tenido que sacar el mayor provecho de un material que de sensacional tiene muy poco”.

La vida de Edith Wharton transcurrió entre Estados Unidos y Europa. Desde muy pequeña, los viajes de su Nueva York natal al Viejo Continente fueron frecuentísimos y, de hecho, después de su matrimonio, pasa los inviernos en Francia o Inglaterra, y los veranos en The Mount, su casa en el Oeste de Massachusetts. Desde París o Londres, recorrerá Italia, España, Grecia y las islas del Egeo… Al estallar la primera Guerra Mundial, estaba en Francia, donde se instaló definitivamente hasta su muerte.

Edith Wharton describe las impresiones de su vida viajera, de los contrastes entre la sociedad neoyorquina de finales de siglo, la aristocracia inglesa y los salones parisinos de las primeras décadas de esta centuria, con grandes dotes de observación, con ironía unas veces y con perplejidad en otras, y el reflejo de sus ganas de vivir y de aprender. En este sentido, el libro resulta muy interesante como testimonio de unos ambientes y de unas inquietudes intelectuales que desaparecieron con la guerra de 1914.

La autora incluye también noticias sobre su tarea literaria, aunque no con detalle, sino a modo de pinceladas o puntos de referencia: los comienzos vacilantes, los éxitos inesperados tanto en Estados Unidos como en Francia e Inglaterra, sus gustos, opiniones y experiencias sobre la vocación y el oficio de escritor, y la gestación de algunas de sus obras.

Sin embargo, lo más destacado del libro, y lo que ocupa mayor número de páginas, son sus relaciones con otros escritores, artistas, intelectuales y políticos europeos y norteamericanos. La lista es importante; cabe señalar, entre otros, su amistad con Henry James, Walter Berry, Paul Bourget, Charles Du Bos, Georges Meredith, Theodore Roosevelt… En otros casos, la autora se lamenta de su timidez o indecisión para tratar a destacados personajes, por ejemplo a Proust, pero ofrece su opinión sobre sus obras y su influencia en los ambientes de la época.

Edith Wharton es consciente de la transformación que supuso la Gran Guerra. De hecho, su autobiografía se detiene prácticamente ahí. Hay unas páginas muy interesantes sobre la reacción, en muchos casos heroica, de los intelectuales y de otras personas de su ambiente social ante la terrible realidad bélica, para terminar con unas breves notas de los años posteriores a 1918, que le sirven para dejar constancia de la desaparición del mundo en que había vivido.

Luis Ramoneda

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