Una heredera de Barcelona

Destino. Barcelona (2010). 318 págs. 19 .

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Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) se dedica desde hace años al periodismo cultural en el diario La Vanguardia y es autor de varios ensayos, entre ellos Pasando página, sobre la evolución del mundo editorial español en las últimas décadas.

El hallazgo de unos papeles de su abuelo, el abogado Pablo Vilar, fallecido con noventa años en 1982, lo llevó a documentarse para escribir esta historia novelada de unos acontecimientos de los años veinte del siglo pasado. Barcelona encabezaba el desarrollo industrial y cultural en la España de entonces, pero era también foco de atentados anarquistas, de represalias y de intentos de pacificación por parte de las autoridades locales y nacionales. Una ciudad con mucho dinamismo en todos sus barrios, en la que convivían grandes fortunas de la aristocracia y de la burguesía y masas obreras que luchaban por salir adelante, a veces en condiciones penosísimas.

En primera persona, Pablo Vilar nos introduce en los diversos ambientes: su trabajo como abogado en turnos de oficio lo pone en contacto con los más desfavorecidos y con los anarquistas; sus relaciones sociales, con la aristocracia y con la burguesía barcelonesas y con las autoridades civiles y militares; y su implicación en la vida como ciudadano monárquico y creyente, con una notable preocupación política y social, con personas y organizaciones que trataban de ayudar a los más desfavorecidos. El ambiente de la ciudad que, a pesar de los frecuentes asesinatos y tensiones, no renunciaba a las fiestas, tanto en el Paralelo como en Pedralbes, está muy bien descrito y es probablemente lo mejor del libro.

También son acertados los diálogos del narrador con los diversos personajes con los que se encuentra, algunos llenos de sutileza, como los que mantiene con el Marqués de Comillas, con el general López Ballesteros o con Isabel Enrich, la heredera que da título a la novela. Con objetividad, Vila-Sanjuán trata de mostrar la complejidad de las situaciones y de las conciencias, porque no se trata de un relato de buenos y malos, pues abundan los matices. Hay personas honradas que buscan soluciones justas, hay criminales sin escrúpulos y gente que intenta sobrevivir adaptándose a las circunstancias. No podía faltar las ambiguas relaciones con el poder central.

La narración tiene un ritmo ágil, se nota la experiencia periodística del autor, con una parte de intriga bien dosificada. Prosa cuidada, incluso brillante en algunos pasajes, sólo afeada por algunos errores gramaticales evitables. Una historia interesante.