Una fábula

TÍTULO ORIGINALA Fable

GÉNERO

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Alfaguara. Madrid (1999). 562 págs. 2.800 ptas.

El estadounidense William Faulkner es incluido tradicionalmente en el grupo de los grandes renovadores de la novelística del siglo XX.. Basta leer dos páginas para apreciar que logra con la palabra algo que es más propio de la pintura: una suerte de impresionismo lingüístico donde el lector percibe sensaciones de un modo nítidamente vívido. Es frecuente no saber de qué personaje se está hablando, qué está pasando exactamente, pero al final de cada unidad narrativa flota el rastro de una intención bien definida.

Faulkner es, sin duda, uno de los escritores más influyentes de este siglo: la legión de trabajos que ha provocado en la crítica especializada y la innumerable cantidad de escritores que confiesan su influencia así lo atestiguan. Creador de un mundo (provinciano, violento y tradicional) y de un lenguaje propios (frases llenas de paréntesis e incisos; monólogos, modificación de puntos de vista, saltos en el discurso, etc.), peca de una verbosidad que, ya en vida, le atrajo numerosos detractores, quejosos también de la oscuridad de su discurso.

En esta ocasión se narra la supuesta historia del soldado desconocido de la I Guerra Mundial, al que se dedica en París el Arco del Triunfo. En escenario francés, son fusilados los responsables de que un regimiento no responda a una orden de ataque. Se mezclan las historias de varios personajes que no participan esta vez del talante estrambótico de muchos otros personajes de Faulkner. Al final, el peso de la alegoría entierra por completo cualquier rastro de argumento mínimamente contable, y la única y posible conclusión de la lectura -quizás lo que pretendía el autor- es el absurdo de la guerra. Aunque la intensidad de su prosa es ya de por sí todo un argumento.

Una fábula está entre las obras importantes de Faulkner y es de las últimas novelas que escribió. Publicada en 1954, cinco años después de conseguir el Nobel, obtuvo con ella el premio Pulitzer. Siguen presentes, como en el resto de su obra, un tremendismo impactante, la violencia y el humor negro. Es una buena oportunidad para conocer su estilo, aprovechando que en esta ocasión el acento de la novela no está en otros elementos característicos de su narrativa. Los interminables párrafos dificultan la lectura, así como la prosa, de una expresividad difícil de obtener con un estilo más enunciativo.

Javier Cercas Rueda