Un mundo aparte

Libros del Asteroide.
Barcelona (2012).
360 págs. 22,95 €.
Agata Orzeszek y Francisco Javier Villaverde González.

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(Actualizado el 20-03-2012)

Publicado en el año 2000 en la editorial Turpial & Amaranto, vuelve a editarse ahora, con una nueva traducción directa del polaco, el relato autobiográfico de Gustaw Herling-Grudziński (1919-2000), en el que revive los años que pasó en el Gulag soviético. Esta edición incluye el prólogo que Jorge Semprún escribió en 1985 para la edición francesa.

Nacido en Polonia, Herling-Grudziński luchó contra el nazismo en su país, pero fue apresado en la frontera con Lituania por los rusos y permaneció en un campo de trabajo de la región de Kargopol, en los bosques del Gran Norte, entre 1940 y 1942. Cuando consiguió la libertad, al romperse la alianza ruso-alemana, luchó contra los alemanes y, al final de la guerra, se estableció en Italia, donde murió. La primera edición de su libro es de 1953, en Inglaterra. En Francia tuvo problemas para publicarlo, porque su denuncia de las atrocidades de la Unión Soviética no cayó bien en algunos intelectuales influyentes.

Herling-Grudziński cuenta con gran lucidez lo que vivió, junto con otros presos políticos y comunes –hombres y mujeres–, rusos la mayoría, pero entre los que había también polacos, alemanes, ucranianos, finlandeses… de las más variadas procedencias: intelectuales, militares, obreros, etc. El resultado es un testimonio estremecedor del desprecio a la persona, de la degradación humana, de la tortura física y psicológica, de la ruina moral, de la que muy pocos prisioneros se salvaron, porque los métodos estalinistas estaban pensados para anular todo atisbo de humanidad y convertir a los encarcelados en animales que se devoraban entre sí.

Junto a la mención de hechos durísimos (hambre, frío, traiciones, asesinatos, violaciones, enfermedades) de los que fue testigo, Herling-Grudziński analiza también las reacciones que suscitan en los condenados (miedo, momentos de esperanza y momentos de desesperación, algunas respuestas heroicas…) y la conducta de los verdugos; y reflexiona sobre el poder, la libertad, la dignidad del hombre. El autor se apoya en citas de Memoria de la casa de los muertos, de Dostoievski, y aunque no llega a la hondura y a la trascendencia de este al analizar el sentido del sufrimiento, su testimonio es de enorme valor, comparable al de Aleksandr Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag o al de Varlan Shalámov en Relatos de Kolymá, por citar dos de las obras más representativas sobre la represión en la Unión Soviética. Un libro duro e incómodo, pero que merece la pena leer.

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Nota: La primera versión de esta reseña se publicó en la edición impresa el 20-09-2000 (servicio 124/00).

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