Un millón de soles

Alfaguara. Madrid (2007). 424 págs. 19,50 €.

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Considerado el más vargasllosiano de todos los escritores peruanos de hoy, Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964) concluye con Un millón de soles la trilogía de novelas políticas sobre la historia contemporánea de su país que inició con Los años inútiles (2002) y prosiguió con El año que rompí contigo (2003). Si en estas dos novelas anteriores Benavides reflejaba el Perú de la década de los ochenta, Un millón de soles retrocede al septenio (1968- 1975) del dictador Juan Velasco Alvarado.

Dotado de una voz narrativa extraordinariamente potente que entremezcla el lenguaje oral con el literario confiriéndole una gran densidad al texto -en este aspecto, no es una lectura fácil-, Benavides busca en Un millón de soles centrarse no tanto en la figura del propio dictador como en los aledaños del poder: ministros, asesores, periodistas, intelectuales, etc; que intentan manipular en beneficio propio la figura de Velasco Alvarado.

La cita de Shakespeare con la que se abre la novela nos sitúa ante la soledad absoluta del poder y el servilismo de los cortesanos cuya lealtad siempre tiene un precio, a menudo no excesivo. Todos ellos aparecen retratados en innumerables reuniones donde se bebe, se juega al póker y se preparan los distintos complots. El papel de las mujeres se reduce a los secretos e intimidades de alcoba.

Las miserias del poder político aparecen con toda su crudeza, de ahí el aroma pesimista que destila esta novela; quizá porque Benavides logra establecer una relación muy sutil entre la corrupción del poder y la complicidad de una sociedad que se deja corromper voluntariamente. El poder, viene a decir, corrompe a los políticos de cualquier época y a la sociedad en general.

Novela de intrigas y de cortesanos, técnicamente ambiciosa en su estructura, Un millón de soles resulta, sin embargo, una obra algo fallida. Por un lado, le cuesta arrancar; por el otro, el exceso de tramas paralelas dificulta la coherencia interna. Quizá se eche a faltar una mayor rotundidad y un hilo narrativo más perfilado. Aun así, se trata de una buena novela.