Un gran chico

Anagrama. Barcelona (2008). 353 págs. 19,50 . Traducción: Miguel Martínez-Lage.

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Will es un solterón de treinta y seis años sin trabajo y sin familia, con dinero, y sin más ocupación que ir llenando las horas a su gusto (series de TV, porros, música y ligues, básicamente). Marcus es un niño más bien rarito, hijo de Fiona -con tendencias suicidas- y de Clive, que vive con Lindsey, su actual novia. Completan el cuadro Rachel, una separada de la que se enamorará Will, y Katrina, otra separada, madre de Ellie, la amiga de Marcus.

Will es un ser egoísta, sin la más mínima creencia ética, que odia a los niños, la familia y la vida doméstica y esquiva en general todo lo que pueda molestarle. Las mujeres sólo pasan por su vida como aventuras con fecha de caducidad.

Marcus no termina de encajar en nuestro planeta, en parte por la extraña educación que ha recibido de su madre, deseosa de alejarle de las modas y, de rebote, de la realidad de sus iguales. Tampoco se entiende con los adultos, por su irritante tendencia a la sinceridad y su ceguera ante el sarcasmo. Encerrado en sí mismo y a la vez necesitado de todo.

Ciertas circunstancias ponen en contacto a estos dos seres y, por primera vez, Will se interesa sinceramente por ayudar a alguien. Una cosa llevará a otra y Marcus será el centro de unos enredos que pondrán en contacto las vidas de Fiona, Clive, Katrina y Ellie. Will, ante unos sentimientos que desconocía, intentará dejar de mentir a sí mismo y a los demás, sin tener muy claro si aún está a tiempo.

Todas las familias que aparecen en la novela están rotas, y quedan claros los efectos de este hecho en él, en ella y en los hijos; todos son conscientes del fracaso de sus vidas pero ninguno parece confiar en que las cosas podrían haber sido de otro modo. Esta historia muestra la absoluta necesidad que tenemos de otros y, a la vez, las limitadas posibilidades de llevar a término unos compromisos.

El humor de muchos diálogos y situaciones no puede ocultar el pesimismo de fondo. Hay pasajes que describen con gran talento las dificultades de comunicación entre hombre y mujer y entre adultos y jóvenes, pero el escritor se muestra miope para ver más allá de estas dificultades ordinarias.

Hornby vuelve a ofrecer una fábula donde muestra la frivolidad y pesimismo con que juzga las relaciones matrimoniales. Esta vez incluye algún elemento positivo, aunque sin renunciar a sus habituales personajes sarcásticos, promiscuos y de escasos valores morales. Es un escritor divertido con gran habilidad para la comedia, pero de un cinismo que puede resultar corrosivo y desanimante.

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