Un descanso verdadero

Siruela. Madrid (2001). 449 págs. 3.950 ptas. Traducción: Raquel García Lozano.

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Amos Oz (Jerusalén, 1939), probablemente el escritor vivo más importante de Israel, ha cultivado por igual la novela y el ensayo. En España se han publicado, entre otras novelas, No digas noche (1994) y Una pantera en el sótano (1995). Se ha ganado a pulso la etiqueta de escritor difícil por lo barroco de su estilo y su acusado recurso a la ironía, no siempre al alcance de todos. En Un descanso verdadero, escrita en 1982, hay poco barroquismo y sólo una pizca de ironía (por ejemplo, en el título), si bien los temas son los habituales en este autor: las relaciones humanas y el telón de fondo de la realidad semita y el conflicto árabe-israelí.

El anciano Yonatán Lifschitz quiere dejar su familia, su trabajo y su destino para aliviar su desencanto. Azarías Gitlin, de la misma edad, sigue pensando que es posible cambiar el mundo con sus actos, incluso con sus palabras. La novela narra el encuentro de ambos en los primeros tiempos del kibbutz judío y el posterior derrotero que siguen sus trayectorias. Es también un agudo y desapasionado análisis sociopolítico de esa etapa de la historia de Israel (años 60). Los personajes, como las relaciones que se establecen entre ellos -incluyendo a la esposa y padres de Yonatán-, son de gran complejidad: desamorado, perdido y tan poco religioso como socialista el primero; refinado y ausente, charlatán y visionario el segundo. Los dos son arquetipos de actitudes que expresan la confusa evolución del sionismo.

Oz exhibe un estilo cuidadoso, con una prosa dulce, morosa y violenta, sincopada y fragmentaria, según los momentos. Su gran interés por lo psicológico le lleva a recurrir con frecuencia a la técnica del flujo de conciencia, adecuada para expresar sin intermediarios la interioridad de los personajes. Hay momentos de gran intensidad dramática, transmitida con fuerte realismo, y otros de un monólogo delirante. Novela psicológica, por tanto, pero también novela de ambiente, coral, con una trama centrada en la familia y la política.

Oz es protagonista activo en el debate político de su país, a pesar de que, como dice, es difícil ser profeta en la tierra de los profetas. Como botón de muestra, la esperanzada frase final de uno de los personajes de la novela: “El dolor es un hecho. Pero, a pesar de todo, creo que podemos hacer dos o tres cosas aquí. Podemos y, por tanto, debemos. El resto… ¿quién sabe?”.

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