Tras las huellas de Eva

TÍTULO ORIGINALIn the Footsteps of Eve

GÉNERO

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Lee R. Berger y Brett Hilton-BarberEdiciones B. Barcelona (2001). 372 págs. 2.700 ptas. Traducción: Guillermo Solana.

Berger es en la actualidad director del Grupo de Investigación Paleontológica de la Universidad de Witwatersrand (cerca de Johannesburgo). Por su parte, Hilton-Barber es un periodista especializado en investigación sobre el origen del hombre. El título de la obra hace referencia a unas pisadas descubiertas en la laguna de Langebaan, probablemente hechas por una mujer hace 117.000 años. ¿Quién fue esta mujer? Al autor le agrada suponer que se trató de la célebre Eva mitocondrial, la mujer africana que, según la genética molecular, dio origen a todo el acervo genético de la humanidad actual hace entre 100.000 y 200.000 años.

En un lenguaje sencillo y casi carente de tecnicismos, Berger reivindica en este libro la importancia de los yacimientos y de las colecciones de fósiles sudafricanos, prácticamente desconocidos hasta la década de los noventa. Los personajes célebres de la paleoantropología mundial van apareciendo a medida que llega el turno de su protagonismo en esta historia sobre la investigación de los orígenes humanos. En la obra Berger aborda también las tensiones que afloran en las relaciones entre los grandes científicos de esta rama.

Frente a la hipótesis esteafricana, el autor manifiesta ser un firme partidario del origen sudafricano de la humanidad actual. Para justificar su posición propone la hipótesis del aislamiento geográfico de una población de Homo sapiens arcaicos, de tal manera que las condiciones ambientales locales les hace evolucionar hasta la tipología propia de los hombres anatómicamente modernos. La argumentación es muy floja, puesto que igualmente se podría aplicar a otros grupos humanos de la misma época recluidos en un hábitat específico. Con honradez y realismo, el propio Berger reconoce que la celeridad con la que se suceden los descubrimientos en paleoantropología debe hacernos pensar que “existe la posibilidad de que ninguno de los fósiles hasta ahora descubiertos en África oriental, meridional o del noroeste sea el antepasado directo de los humanos vivos”.

La versión original fue acabada en junio de 2000, pero como desde entonces se han producido hallazgos de importancia capital, la primera edición en castellano incluye un epílogo fechado en mayo de 2001, en el que se recoge someramente un análisis crítico de estos últimos descubrimientos. Sin embargo, el autor no ha podido incorporar un comentario sobre la última estrella de esta rama de la ciencia, Ardipithecus ramidus kadabba (ver servicio 110/01).

Se advierte una confusión de planos cuando Berger afirma que “mi ciencia me torna escéptico en lo que se refiere a las cuestiones de fe”. A este respecto sólo cabría comentar de forma somera que el método de investigación científica no es un instrumento apto para determinar la existencia o inexistencia de Dios. Esto es algo que hoy en día tienen muy claro muchos filósofos y científicos, y que siempre han comprendido los teólogos (ver en servicio 86/01 la reseña del libro Los científicos y Dios de Antonio Fernández-Rañada).

Carlos A. Marmelada