Trabajos forzados

Impedimenta.
Madrid (2011).
202 págs.
18,95 €.
Traducción: Félix Romeo.

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Daria Galateria (Roma, 1950), especialista en literatura francesa y colaboradora en diferentes medios de comunicación, ha escrito un breve ensayo que tiene como protagonistas a los escritores, la mayoría del siglo XX. Galateria bucea en las biografías de muchos de ellos para explicarnos a qué actividades se han tenido que dedicar antes de entregarse por entero a la literatura, aunque algunos hacen el camino inverso y los hay que compaginan el oficio de escritor con otros trabajos.

El libro es muy ameno, pues la autora ha elegido una insólita perspectiva para acercarse a las vidas de los escritores. También sirve para mostrar con anécdotas que, para la gran mayoría de ellos, el peor trabajo que han realizado, el más costoso y sacrificado, ha sido el de escribir. Gorki, que había desempeñado, entre otros oficios, los de pinche, fogonero, panadero, pescador en el Mar Negro, vendimiador… de su dedicación al periodismo, cuando publicaba dos artículos diarios, dijo que “ese trabajo en galeras era superior a sus fuerzas.

También Jack London tuvo una vida muy difícil hasta dedicarse por entero a la literatura; fue repartidor de periódicos, obrero en una fábrica de conservas, cazador de focas, buscador de oro… El récord de oficios se lo lleva Blaise Cendrars: representante de bisutería, apicultor, saltimbanqui, cazador de ballenas, figurante, pianista, descargador… A otros, como Eliot, les vino muy bien para su oficio como escritor ser empleado de banca, como él mismo reconoce: “La poesía no me ha sido de gran ayuda en mi carrera bancaria; en cambio, mi trabajo en banca me ha permitido escribir mis poemas. Por la noche, no tenía el espíritu envenenado del trabajo del día y podía llevar adelante dos vidas intelectuales distintas”.

André Malraux llegó a ser ministro de Cultura; Saint-Exupéry no renunció nunca a su gran vocación: piloto de aviones; Jean Giono fue un sencillo empleado de banca; Céline trabajó como médico en una prestigiosa empresa internacional; Dashiell Hammett fue investigador privado en la agencia Pinkerton; Bukovski, que apenas duraba unas semanas en los trabajos, aguantó durante años en el servicio de correos… George Orwell fue policía en Birmania y al regresar a su país decidió abandonar todo para conocer de cerca la vida de los desarraigados y pobres, experiencia que relató en un libro de 1933, Vagabundo en París y Londres. La escritora Colette utilizó su fama para lanzar al mercado una colección de productos estéticos.

De los muchos autores elegidos –ninguno español–, Galateria describe sus ocupaciones, habilidades profesionales y circunstancias vitales, en algunos casos muy difíciles –como en los casos de London y Gorki–, hasta que consiguen el éxito literario.

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