Todos los hombres del rey

TÍTULO ORIGINALAll the Kings Men

GÉNERO

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Anagrama. Barcelona (2006). 770 págs. 20 €. Traducción: Francesc Roca.

Esta nueva edición, de 2001, a cargo de Noel Polk, recupera el original que Robert Penn Warren entregó a la editorial, antes de las correcciones, muchas discutibles pero con el consentimiento del autor, que hicieron los editores de la obra. Tras estudiar en Berkeley y Oxford, Warren (1905-1989) se dedicó por completo a la literatura como profesor, poeta, crítico, dramaturgo y fundador y director en la década de los treinta de la revista literaria “Southern Review”.

Autor de diez novelas, fue contemporáneo de un buen número de novelistas sureños: Eudora Welty, Flannery O’Connor, Carson McCullers, William Styron y Katherine Anne Porter, entre otros. Aunque no puede hablarse propiamente de una escuela, los “novelistas del sur” reflejaron en sus novelas el contexto social e ideológico que se vivía en aquellos estados, donde se palpaba una sensación de diferencia, agravada por la cuestión de la segregación racial y la esclavitud, todavía cercana en el tiempo. La literatura de Warren es una continua reflexión sobre el sentido trágico de la vida, sin mucha esperanza, por cierto, en el ser humano.

Todos los hombres del rey se publicó en 1946. Al año siguiente obtuvo el premio Pulitzer y muy pronto se convirtió en una novela apreciada por los lectores y valorada por la crítica, que ven en ella una excelente radiografía, entre otras muchas cosas, de los Estados Unidos de los años treinta y de algunos de sus vicios políticos. De ella se han hecho dos versiones cinematográficas: la de Robert Rossen en 1949, que obtuvo el Óscar a la mejor película, y la reciente de Steven Zaillian (ver Aceprensa 119/06), acogida con frialdad.

Aunque el autor nunca lo confirmó, la novela se basa en la vida del político populista Huey Pierce Long, que fue gobernador de Luisiana y que empleó métodos casi dictatoriales. La novela va más allá de la supuesta biografía novelada de ese político norteamericano, que en la novela recibe el nombre de Willie Talos (esta edición recupera el nombre primitivo elegido por el autor, y no Willie Stark, como aparece en la película y en ediciones anteriores). Talos es un joven abogado, de origen humilde, inexperto, ingenuo, un tanto paleto, que no conoce los entresijos viscosos de la política. Utilizado por su propio partido para desgastar a otro candidato, Willie descubre la maniobra y, también, intuye que la política no es ese espacio cargado de idealismo y de entrega que él se había imaginado. A partir de ahí, y es uno de los mejores momentos de la novela, Willie será otro hombre y otro político, y alcanzará lo que se propuso: pisotear al contrario y ser gobernador de Luisiana.

Pero no estamos ante una novela exclusivamente política. Poco a poco se apodera de la novela la vida del propio narrador, Jack Burden, periodista y uno de los hombres de confianza de Talos. Mientras el gobernador ejerce el poder en su estado cayendo en los mismos defectos que él criticaba, Burden indaga en su propia vida, pues algunos de los sucesos en los que se ve envuelto su jefe tienen que ver con personas que forman parte de su biografía, como el juez Irwin y los hermanos Adan y Anne Stanton, con quien Jack estuvo incluso prometido hace ya muchos años. La narración deja de focalizarse en Willie Talos y se ramifica en múltiples historias.

Burden se muestra en muchas ocasiones muy cínico, con una visión pesimista de las relaciones humanas. Su contacto con la política le ha llevado a conocer de cerca los métodos y el rostro de la corrupción, rodeado de personajes sin ideales y sin escrúpulos. Con el telón de fondo del ascenso y la caída de Willie Talos, la narración es un duro ajuste de cuentas de Jack Burden con su pasado y con su presente.

Adolfo Torrecilla