Todos los colores del sol y de la noche

Libros del Asteroide. Barcelona (2009). 222 págs. 16,95 €. Traducción: Juan de Sola.

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Este duro testimonio de las depuraciones comunistas en Checoslovaquia fue publicado en 2004, pocos años antes de la muerte de la escritora y periodista Lenka Reinerová (1916-2008), activa militante del comunismo. Por sus actividades políticas, tuvo que huir de su país tras la invasión nazi, pero fue detenida en París y deportada a un campo de concentración. Cuando salió, consiguió exiliarse a México, donde vivió durante los años de la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar, junto con su marido, pasó una temporada en Yugoslavia hasta que en 1948 regresó a su país, donde siguió colaborando de manera muy activa con el régimen comunista. Sin embargo, también a Praga llegaron las purgas estalinistas, y la autora fue despedida de su trabajo como periodista y, al poco tiempo, la detuvieron acusada de alta traición y espionaje.

Reinerová estuvo en la cárcel quince meses, desde la primavera de 1952 hasta 1953, intentando asumir los “delitos absurdos que se me imputaban y las acusaciones completamente descabelladas y obscenas de que era objeto”. Los comunistas sospechaban de su exilio en París y México, de su marido yugoslavo, de sus amistades con intelectuales (por ejemplo, Max Brod y Fran Werfel), de sus numerosos contactos…

El libro revive los largos y atosigantes interrogatorios a los que fue sometida, que le sirvieron para comprobar la cara atroz de una dictadura que ella había contribuido a construir. Como ella escribe, en la cárcel “me preguntaba cómo era posible que del atractivo ideal de mi primera juventud hubiera surgido una maquinaria tan despótica y repulsiva”. Y ahora era una víctima, una más, de un régimen bárbaro e inhumano al que había entregado los mejores años de su vida.

A la vez que revive esos dramáticos sucesos, Reinerová recuerda otros momentos de su vida como los años donde forjó su comunismo, su estancia en el campo de concentración francés, su familia. Junto con la constatación de la degradación dictatorial de su Partido, la autora comprueba también que hay personas y situaciones que alimentan su esperanza, como las conversaciones con su compañera de celda o la ilusión de volver a ver a su marido y su hija. El ejercicio de escribir sobre los peores capítulos de su vida tiene también un efecto catártico y renovador, pues la autora no será la misma desde entonces. Eso sí, su vida en Praga no fue después nada fácil, pues tuvo que sobrevivir, ella y su familia, con el estigma de haber sido detenida acusada de espionaje.