Todo se aprovecha

Tot s'aprofita

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Ediciones B. Barcelona (1988). 224 págs. 1.365 ptas.

La muerte de Pere Calders (1912-1994) vuelve a centrar la atención sobre su narrativa breve, que no ha gozado del reconocimiento que merece. Sus relatos -traducidos casi todos al castellano- se encuentran entre los mejores de la narrativa española contemporánea.

Pere Calders nació en Barcelona. En 1936, con El primer arlequí, empezó a publicar sus primeros relatos. Después de la guerra civil, pasó veinte años de exilio, primero en Francia y después en México. Al igual que ocurrió con otros autores que vivieron parecidas circunstancias, esta experiencia condicionó la temática de algunos de los libros que escribió en ese periodo. Regresó del exilio en 1962, y desde entonces su labor literaria ha sido muy bien acogida en Cataluña, aunque bastante poco conocida fuera de allí. En 1966 publicó su novela Ronda naval sota la boira y en 1967 la edición completa de los cuentos que escribió hasta esa fecha, Tots els contes.

En 1984, con Tots s’aprofita consiguió el premio de la Generalitat. De lo publicado en castellano de Calders, recomendamos dos volúmenes de relatos: Ruleta rusa y otros cuentos, publicado en 1984, que se compone de una selección realizada por el propio autor, y Todo se aprovecha, publicado en 1988.

La narrativa de Pere Calders sorprende por estar asentada en la realidad más inmediata. Como si tal cosa, sin transición, sin dramatismos, aparece el elemento insólito, que transforma la realidad. Poco a poco lo inmediato empieza a distorsionarse y quebrarse. La introducción de la fantasía no provoca situaciones inverosímiles. Calders disfruta desarmando los mecanismos convencionales, las situaciones tópicas, las lógicas apariencias. Y lleva a cabo su propósito no con personajes excepcionales sino con seres mediocres, rutinarios, indecisos, que se encuentran muy bien asentados en su propia realidad y que aceptan, resignadamente, la irrupción del elemento incomprensible e ilógico.

Para conseguir con acierto esta integración de lo cotidiano y lo fantástico se necesita un estilo sereno, razonado, funcional. Pere Calders, lentamente, distorsiona los elementos coloquiales para que el lector acepte con lógica la irrupción del absurdo. Y todo ello, con un sentido del humor excepcional.

Adolfo Torrecilla

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