Todo lo que muere

TÍTULO ORIGINALEvery Dead Thing

GÉNERO

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Tusquets. Barcelona (2004). 426 págs. 19 €. T.o.: Every Dead Thing. Traducción: Carlos Milla Soler.

La mujer y la hija de Charlie Parker, policía de New York, son asesinadas por el Viajante, un sádico asesino en serie. Parker es expulsado de la policía cuando inicialmente recaen en él algunas sospechas y se propone capturar por su cuenta al psicópata. Su antiguo jefe le propone a la vez seguir la pista de una joven desaparecida. Estos dos hilos principales se trenzan a su vez con pequeñas historias secundarias formando una telaraña del mal.

Connolly (Dublín, 1968) se sirve de muchos de los ingredientes del género policiaco y a la vez intenta aportar algo más. Otra vez encontramos al policía audaz, inteligente, sarcástico, bebedor, de familia destrozada; otra vez, todos los detalles de una investigación policial y abundantes aspectos anatómico-forenses y psiquiátricos; otra vez un muestrario completo del teatro del mal: asesinos a sueldo, crimen organizado, proveedores de droga, de sexo y de lo que sea. Lo nuevo: un intento de indagación metafísica en el horror. El estallido de violencia es tan tremendo que no sólo hace tambalearse a los protagonistas, expertos que creen que lo han visto todo, sino que hace dar un paso más al que cree que lo ha leído todo en novela policiaca.

Connolly profundiza en la personalidad de Parker (a quien ya ha hecho protagonizar otras dos novelas aún no traducidas), personaje que lucha por esquivar las huellas de su frecuente contacto con lo peor, lleno de ambigüedad moral y que se pasa la novela intentando entender la sociedad y sus propios sentimientos de culpa y venganza. Pronto queda poco de su tono inicial desenfadado y ocurrente. Una psiquiatra que le ayuda es la encargada de irnos mostrando los abismos mentales del Viajante en quien concurren paranoias artísticas, religiosas y médicas, más allá de una sexualidad frustrada o de un sadismo extremo.

Al margen de los aciertos narrativos de Todo lo que muere, que recoge elementos de la mejor tradición de novela negra, la obra de John Connolly provoca una sensación desoladora y terrorífica que hace poner en duda que la peor realidad pueda acercársele y menos superarla.

Javier Cercas Rueda

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