Ética de la especulación financiera

Eduardo Camino

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Unión Editorial. Madrid (2004). 209 págs. 20,80 €.

Habida cuenta de la “popularización bursátil” y de que la mayoría de las operaciones tienen un matiz especulativo, el tema de esta obra es ciertamente conflictivo y actual. Las críticas a la especulación financiera están a la orden del día, sobre todo cuando se trata de agentes financieros que mueven millones: ¿es moralmente aceptable que una persona gane en un día o en unas horas lo equivalente a la deuda externa de un país subdesarrollado?; ¿es lícito que la seguridad económica de un país pueda verse afectada por unos “pocos especuladores”?; ¿no atenta la especulación contra la realidad productiva?

Eduardo Camino, doctor en teología, profesor de moral y ex broker de Bolsa, aclara primero el concepto para diferenciarlo de otras operaciones económicas con las que habitualmente se la confunde. En la especulación se lleva a cabo una operación, preferentemente en un breve espacio de tiempo, para obtener un beneficio a través de una prevista oscilación de los precios. Se trata, pues, de una acción distinta de la “cobertura de riesgos”, el “arbitraje” o la inversión (herramientas de la gestión de patrimonios), sin que tampoco quepa asimilar la especulación a la manipulación ni al uso de información privilegiada.

Un punto clave al abordar la ética de este tipo de operaciones es clarificar sus efectos sobre la economía. Camino analiza los efectos que se dan siempre que se especula -la doble contrapartida, la dinamicidad y liquidez del mercado y la asunción de un riesgo- y los condicionados, como los posibles efectos sobre la distribución de la riqueza, la fluctuación de los precios y el mayor o menor alejamiento entre la esfera financiera y la productiva.

Después de analizar esta realidad técnicamente, el autor profundiza en las cuestiones éticas. Esta parte es quizás la más innovadora. No se trata ya tanto de ver bajo qué condiciones será éticamente correcta la especulación financiera, sino llegar a establecer tal juicio sin olvidar que, normalmente, este tipo de operaciones forman parte de un trabajo (profesional), y éste, de una vida. Se necesita adoptar la perspectiva ética de la “primera persona”, ya que toda acción humana deja una huella en quien la realiza, perfeccionándole o deteriorándole. Por esto Camino se preocupa sobre todo de cómo la acción mejora o empeora a las personas. De este modo, se trata de juzgar e integrar este tipo de operaciones en el conjunto de una vida (ética de las virtudes).

Miguel Ángel Cercas