TAPA CUÑAOS AZCONA

¿Son de alguna utilidad los cuñados?

Pepitas & Pimentel.

Logroño (2014).

510 págs.

30 €.

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La editorial Pepitas de calabaza & Fulgencio Pimentel está reuniendo en tres volúmenes las colaboraciones de Rafael Azcona en la revista humorística La Codorniz. En 2012, se publicó el primero de ellos, ¿Por qué nos gustan las guapas?, que contenía los artículos publicados desde 1952, cuando empieza a colaborar en la revista, hasta 1955.

En el segundo volumen, ¿Son de alguna utilidad los cuñados?, aparecen las que escribió desde 1956 a 1958, año en el que dejó de colaborar en la revista para dedicarse a la faceta que le dio más popularidad, la de guionista de películas de humor. En esos años, también había publicado sus primeros libros: El pisito, Los ilusos… El último volumen, que aparecerá en 2016, estará dedicado a las viñetas y dibujos que publicó en una revista que popularizó un peculiar sentido del humor, crítico con algunas costumbres de la España de Franco.

En este segundo volumen, Azcona, ya integrado del todo en la redacción de La Codorniz, muestra su solvencia, seguridad y originalidad. Se mueve como nadie en el reconocible territorio humorístico que formaba parte de aquella revista. Azcona ironiza con el respeto a los padres y a los ancianos venerables; el lugar que ocupan los pobres y huérfanos a la hora de ejercer la caridad; el placer inusitado de la beneficiencia; la ejemplaridad de los poderes públicos, los políticos y los mayores; la proliferación de la burocracia…

Entre sus escritos hay tests, consejos a las mujeres fatales, a los mendicantes, a los trajes de confección y hasta a las emisoras de radio. El tema de los pobres y de los huérfanos es especial, quizá porque con ellos ridiculiza la retórica caritativa de cierta burguesía. Por ejemplo, en una de las secciones que se repiten, “Consejo a un nieto imbécil”, leemos: “Querido nieto: Me acaba de decir tu tía Justina que has cometido el terrible error de enamorarte de una muchacha pobre pero honrada. ¿Cómo has podido incurrir en tamaña bajeza?”.

Azcona se especializa en planteamientos absolutamente peregrinos e irónicos, que aborda con total seriedad. Junto con otros humoristas emblemáticos de aquella generación –-Tono, Mihura, Gila, Mingote…–, Azcona supo sacarle partido a la parodia del sentido común, de los tópicos sentimentales y de las costumbres ancestrales. De manera amable e ingeniosa, ridiculizó el respeto a los valores sociales imperantes y los tics de una sociedad acartonada.