Sombras sobre el Hudson

Ediciones B.
Barcelona (2000).
583 págs.
3.500 ptas.
Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecasi.

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Isaac Bashevis Singer (1904-1991), premio Nobel en 1978, publicó esta novela entre 1957 y 1958, en Der Forverts, periódico neoyorquino en yiddish (la lengua de las comunidades judías centroeuropeas, sobre todo polacas). Sin embargo, no se publicó como libro hasta 1997, en Estados Unidos. Estamos ante una novela importante, una de las más destacadas de su autor, que es un caso único en la literatura contemporánea, puesto que ha escrito su vasta y valiosa obra en una lengua que casi ha desaparecido.

La acción se desarrolla en Nueva York y en otros puntos de Estados Unidos entre 1947 y 1949. Los protagonistas son judíos que consiguieron escapar del Holocausto, pero que padecen las consecuencias del genocidio nazi y casi un sentido de culpa por haber sobrevivido. La trama discurre en torno a Bóruj Makaver (Boris, en Estados Unidos), que ha conseguido la prosperidad en los negocios, y a su familia y a algunos amigos de la comunidad judía. Podría decirse que es la historia de varios desajustes: la crisis de identidad de los protagonistas, que se debaten entre el pasado en Europa central y la adaptación a las costumbres americanas; la crisis moral, entre la lealtad al judaísmo o un escepticismo que desemboca en alguos casos en libertinaje y en crisis existencial. Cada uno vive esas situaciones a su manera: Boris, tratando de mantenerse fiel, aunque sufre remordimientos al analizar algunos aspectos de su conducta; su hija, Anna, va de una crisis afectiva a otra, y lo mismo le pasa a su tercer amante, Dovid Grein, que se siente culpable (tiene otra amante, abandona a su esposa y a sus hijos…), pero no se decide a cambiar de conducta. De forma pausada, Singer va mostrando esas vidas, con gran variedad de matices, mediante descripciones, diálogos y monólogos consistentes, así como las reacciones que se producen en unos y en otros al hilo de los acontecimientos.

Por un lado, el autor refleja muy bien el ambiente, las costumbres y el aislamiento de los protagonistas, cuyos juicios sobre los cristianos son a menudo poco objetivos, puesto que tienden a identificarlos con sus verdugos, que eran en su mayoría paganos, sin muchas distinciones. Pero Sombras sobre el Hudson es mucho más que una acta notarial sobre una comunidad peculiar en la sociedad neoyorquina de postguerra, porque, a través de sus personajes, Singer plantea cuestiones perennes, válidas especialmente para la crisis relativista del momento presente: la responsabilidad individual, la conciencia, la culpa, el sentido de la existencia, la religiosidad, el mal, el sufrimiento… desde puntos de vista diversos, pero con hondura que invita a la reflexión. “En realidad he actuado con conocimiento de causa. He cometido adulterio, he perpetrado un asesinato y al mismo tiempo he criado adúlteros y asesinos. Y para colmo, he tratado de dignificarlo todo poniéndole un bello nombre: escepticismo”, dirá Dovid Grein al hacer balance de su vida.

Esta novela densa, escrita con gran elegancia, requiere una actitud reposada y reflexiva.

Luis Ramoneda

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