Sólo para fumadores

Menoscuarto. Palencia (2009). 84 págs. 7 €.

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La nueva colección de narrativa breve de Menoscuarto, “Entretanto”, persigue publicar en pequeño formato grandes obras maestras de la literatura universal. Se ha estrenado con Sólo para fumadores, un discurso esencialmente autobiográfico de Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), es una joya de principio a fin.

Con una prosa contenida y siempre hilarante, el escritor peruano traza su relación con el tabaco a partir del primer cigarrillo que fumó, en plena adolescencia, y hasta el momento en que concluye la escritura de estas memorias -1987-, renunciando a toda “moraleja”, e indiferente a que el público tome su relato “como un elogio o una diatriba contra el tabaco”.

No. Ribeyro no podía ser un censor de su propio vicio, ni siquiera cuando describe los sinsabores hospitalarios que arrostró por su causa: estas páginas muestran, más bien, a un cronista escrupuloso y dócilmente resignado, consciente en todo momento de que el hábito de fumar es tan destructivo (e inevitable) como el acto de escribir.

En apenas ochenta páginas, el autor de Los geniecillos dominicales hace inventario de las marcas de cigarrillos que han pasado por sus labios, nombra a sus fiadores y enemigos, y explora ciudades que reconocemos, antes que por sus monumentos, por la fachada de sus estancos o por el número de colillas pisadas en el suelo.

Y esa crónica, excepcional en la literatura -Ribeyro cita como pioneras unas páginas de Svevo en La conciencia de Zeno…; y sería imperdonable omitir aquí el nombre de Cabrera Infante, otro fumador empedernido-, cautiva sobre todo por las travesuras de su autor (que, en cierta ocasión, tuvo que desmentir que hubiera cambiado un libro autografiado de Ciro Alegría por cigarrillos, tal como cuenta en estas páginas), así como por su habilidad para desplegar el sinfín de historias intercaladas que conforman el relato. A Ribeyro le bastan unos pocos trazos para pintar a personajes secundarios como Panchito y sus largos “Pall Mall”, o al agorero doctor Dupont.

Que no nos engañe su título: este libro es apto para fumadores y prohibicionistas, una bocanada de aire fresco absolutamente recomendable para cualquier amante de la buena literatura.