Solo en el mundo

TÍTULO ORIGINALIn the Country of Men

GÉNERO

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Salamandra. Barcelona (2007). 252 págs. 14,80 €. Traducción: Ana María de la Fuente.

Solimán es un niño con mirada y sentimientos de niño que vive con sus padres en Trípoli en los primeros -y más tiránicos- tiempos de Gaddafi. A medida que el objeto de sus pensamientos se desplaza de su propio yo hacia el mundo que le rodea -esto es la madurez-, las inclemencias de una sociedad revolucionaria y el impacto que esta genera en la vida de su familia desatan en él la conciencia de la crueldad, como un estigma prematuro.

Al pequeño Solimán la vida le obliga conocer la parte más oscura de la naturaleza humana demasiado pronto, y esto dañará su afectividad -tanto más cuanto que se trata de un niño hipersensible y reflexivo-, desarraigándolo de sus padres, de sus amistades, de su patria.

“Solo en el mundo” es el testimonio de un paso traumático de la infancia a la juventud, un proceso exacerbado por culpa de un régimen infame. Una historia que se ha contado muchas veces, y sin embargo Hisham Matar logra el efecto de que nos la cuentan por primera vez.

Relatada en primera persona por el propio Solimán, la narración reviste una estructura lineal y abarca desde la primera infancia del niño hasta que cumple -en su destierro en El Cairo- los 25 años.

Pero esta sencillez técnica es sólo aparente; el verdadero mérito de Matar es la composición del punto de vista de Solimán: un asombroso equilibrio de inocencia, precisión y lirismo, sin ápice de sensiblería. Un dominio narrativo excepcional tratándose de una ópera prima, la cual ha cosechado justos elogios de la crítica internacional.

Mezcla de novela de aprendizaje, documento generacional y denuncia sociopolítica, “Solo en el mundo” es una obra nada complaciente -ningún personaje resulta edificante, los padres de Solimán los que menos, y sólo hay un atisbo de esperanza en un reencuentro final-, un texto duro sin artificio sino sólo en virtud de la honestidad descriptiva.

Sin embargo, el pulso de la narración es firme y la tensión crece paulatinamente hasta llegar al momento en que las represalias en el entorno familiar por delito de contrarrevolución arrastran a Solimán a un peligroso juego de delaciones y utilizaciones donde su confusión afectiva se enreda cada vez más y que acaba por perjudicar a los que más quiere.

Por encima de la denuncia de un régimen terrible, pervive en la lectura la impresión vívida del devenir de una infancia destruida, contada desde sí misma.

Jorge Bustos TaúlerACEPRENSA

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