Sol de noviembre

Miguel D'Ors

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Númenor. Sevilla (2005). 80 págs. 12 €.

Silenciado por unos, probablemente por cuestiones extraliterarias, apreciado por otros, Miguel D’Ors (Santiago de Compostela, 1946) cuenta con un creciente número de lectores y con una notable influencia en poetas de las últimas generaciones. En su trayectoria poética, pausada y coherente, lo vivido, como señala en el prólogo, marca la pauta: “Digo ‘el poeta’, y no ‘el personaje poético’, como ahora parece obligado por la moda. Ya se sabe: una creación, una ficción, una máscara… ¡Un cuerno! Como si esa máscara, caso de que se la quiera uno fabricar, no tuviera que ser inevitablemente fabricada con pedazos arrancados del propio rostro”.

Recuerdos de su infancia en Galicia, de su vida docente y provinciana en Granada, referencias a otros poetas, a viajes… para acercarse a los temas que de un modo u otro han ocupado siempre a los poetas: Dios, el amor, la naturaleza, la amistad, la temporalidad… D’Ors suele hacerlo a partir de lo concreto, valga como ejemplo el excelente poema “Por un azul y un amarillo” en el que, a raíz de un hecho en apariencia insignificante -un instante ante un semáforo en un día de otoño en Granada-, trasciende a una cadena de consideraciones sobre el azar y la providencia amorosa de Dios (“este regalo: un guiño, / apenas una coma de Tus obras completas, / pero planeado solo para mí / entre guerras, nevadas, auroras boreales, / bosques, puestas de sol y terremotos”).

El tono de balance, cuando el poeta ya ha pasado de los cincuenta, es algo más acusado que en poemarios anteriores, por medio de dos recursos que nunca faltan en su poesía: lirismo elegíaco de gran belleza y musicalidad, con imágenes y adjetivación muy visuales; e ironía, que permite al autor ir soltando sus puntos de vista sobre lo divino y sobre lo humano, que no siempre coinciden con las ideas dominantes en los ambientes culturales de hoy. A esto hay que añadir sus versiones de poemas de Ada Negri, Francis Jammes, Thomas Hardy…

Miguel D’Ors es de los poetas que acercan a los lectores a la poesía, pero que ésta no sea hermética no es sinónimo de prosaísmo ni de superficialidad. Detrás de la claridad, hay una tarea de depuración, una búsqueda del ritmo apropiado a cada verso y una exigencia de obra acabada para que sus poemas “digan lo imposible”.

Luis Ramoneda

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