Sugerencias de literatura infantil y juvenil (Verano 2008)

Cuando las vacaciones permiten desentenderse de los libros de texto, la lectura por placer encuentra su oportunidad y demuestra su atractivo. Dentro del amplio campo de la literatura infantil y juvenil, seleccionamos algunos títulos editados en España en los últimos meses.

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ÁLBUMES ILUSTRADOS PARA PEQUEÑOS


Sibylle von Olfers, Las más bellas historias de Sibylle von Olfers. Contiene tres relatos: Los niños de las raíces, Mumel y Pumel, y La princesita del bosque. Su autora es una monja católica alemana de principios de siglo. Los niños de las raíces es una historia en verso sobre unos niños-raíces que, cuando llega la primavera, salen y dan vida a todo, y cuando se acerca el invierno vuelven bajo tierra. Mumel y Pumel son dos niños que se duermen en un canasto y, cuando se despiertan en el bosque, Mamá Liebre los lleva con sus propias crías e incluso los viste de liebres. La princesita del bosque se despierta y sale a jugar con las gotas de agua, con los niños musgo, con los niños seta… y por la noche vuelve a su castillo.
Los argumentos son mínimos y sólo buscan entretener a niños pequeños. Las ilustraciones modernistas que los acompañan sorprenden por su naturalidad y por su capacidad tanto para presentar la belleza de la naturaleza como para comunicar sentido afectuoso a los relatos. (Kókinos. Madrid, 2007, 60 págs.)

Josse Goffin, ¡Oh! ¡Ah! Han vuelto al mercado ¡Oh! y ¡Ah!, dos excelentes álbumes. ¡Oh! es un álbum sin texto, en el que cada doble página muestra una ilustración muy sencilla (una mano, una taza, un pez…), pero al desplegarse la página impar aparece otra figura distinta que anuncia la próxima. ¡Ah! es parecido pero la ilustración que aparece al desplegar la página contiene alguna obra de arte conocida, de escultura, pintura, arquitectura: la Venus de Milo, la Mona Lisa, el Centro Pompidou…
Son álbumes originales en el modo en que se vinculan las ilustraciones y en el factor sorpresa que salta en cada página cuando vemos la inesperada transformación de una cosa en otra. Ambos son útiles no sólo para aprender a leer imágenes, sino también para señalar la importancia de no dejarse llevar por las apariencias, de aprender a buscar la visión de conjunto sin juzgar sólo por un fragmento de la realidad… En principio, el segundo no es un álbum ajustado a un público infantil debido a las referencias artísticas que contiene, más dirigidas a sorprender al adulto; aun así, puede plantearse como un primer contacto con obras de arte relevantes. (Kalandraka, Sevilla, 2007, 26 págs.)

Georg Hallensleben, El zorrito. Uno de los intereses presentes en muchos álbumes para prelectores y primeros lectores es explicar a los destinatarios niños las etapas de su propio crecimiento. Esos objetivos tiene un álbum pictórico más de Hallensleben y Banks que se caracteriza por la sencillez en el argumento y buenas ilustraciones, nada de juegos inútiles con la tipografía ni de alardes compositivos.
El argumento es fácil: nace un zorro y al principio sólo mira; luego quiere salir pero sus padres le dicen que aún no está preparado; luego salen juntos y sus padres le van enseñando a encontrar alimentos, a reconocer el peligro, a no hacer cosas que aún no puede hacer, a ocultar rastros; el zorrito va siendo más fuerte y hábil hasta que sabe cazar solo, alimentarse solo y enterrar su comida, a esconderse en los matorrales y correr; y cuando se siente preparado y sus padres también saben que ya lo está, se marcha. (Juventud, Barcelona, 2007, 36 págs.)

Maurizio Quarello, Ojobrusco. Como muchos cuentos populares y muchos relatos infantiles, Ojobrusco tiene como hilo argumental básico el viaje de un protagonista que abandona su casa y al que se luego se le unen nuevos compañeros para terminar con un enfrentamiento final con un malvado. En este caso son Ratón, Perro y Elefante quienes acaban dando una lección a Ojobrusco.
La historia es sencilla pero tiene un texto rico y sonoro, apropiado para la lectura en voz alta y con metáforas que tienen algo de primera introducción al lenguaje poético. La recreación en imágenes de la historia que hace Maurizio Quarello es imaginativa y vistosa. (OQO, Pontevedra, 2008, 32 págs.)

ÁLBUMES ILUSTRADOS PARA PRIMEROS LECTORES


André François, Lágrimas de cocodrilo. Álbum clásico que se edita en España por primera vez. Con formato de sobre postal alargado, por uno de cuyos lados se advierte que contiene un cocodrilo y que es un objeto frágil y por el otro no se precisa su destinatario y se ve una cabeza de cocodrilo a través de una ventana. El texto contiene la historia de un niño que llora y, cuando le reprochan que las suyas son lágrimas de cocodrilo, le deben explicar a qué se debe tal expresión: …“sólo necesitas una caja de madera y te embarcas para Egipto”…
Relato de humor disparatado y cordial en el que los detalles están cuidados y puestos al servicio de lograr un libro que atrape al lector. Ya el aspecto externo es atrayente pero también la historia es simpática, los dibujos de los personajes son expresivos, la secuencia de las escenas está bien hilada y en ellas se añaden información y matices para expandir lo que se narra en un escueto texto donde algunas palabras o frases están enfatizadas con mayúsculas. (Factoría K, Vigo, 2007, 44 págs.)

Alves Pinto Ziraldo, Flicts. Un color extraño llamado Flicts no encuentra su sitio en el mundo. No se ve a sí mismo con las cualidades de los otros colores ni ellos le quieren tampoco: ni los de la caja de lápices, ni los del arco iris, ni los de las banderas de los países…
Primer álbum del autor, que resultó un acierto pleno: fue el primer álbum en el que los colores como tales son protagonistas y el primero en el que un ilustrador hace protagonistas de su relato a sus materiales de trabajo propios, los colores. Pero es, en primer lugar y sobre todo, una buena historia que se sostiene por sí misma sin las bromas metaficcionales que han llegado a ser tan comunes después. El argumento tiene contenido y chispa, y está magistralmente desarrollado con sucesivas dobles páginas equilibradamente diseñadas, en las que se dispone con acierto un texto cuidado y unas elegantes ilustraciones en los colores vivos habituales en el entonces emergente arte pop. (This Side Up, Madrid, 2007, 48 págs.)

Satoshi Kitamura, Pablo el artista. El protagonista es un elefante pintor, que pertenece al club de arte de la calle Pezuña y que pasa por un momento de bloqueo: no se le ocurre qué pintar. Después de las sugerencias de sus amigos del club decide irse al campo, donde tiene un sueño que le inspira.
El argumento habla de cómo, en los cuadros, cada uno pone lo que desea encontrar, el pintor y el espectador. Las ilustraciones están bien compuestas y en ellas abundan los detalles simpáticos. La secuencia de imágenes y la forma de marcar las escenas de transición están bien resueltas, como marcos distintos para las escenas que muestran desplazamientos de un sitio a otro y las que indican momentos de sueño de Pablo. (FCE, México, 2007, 28 págs.)

Ulises Wensell, La mejor familia del mundo. Entre los álbumes que tratan con acierto acerca de la adopción, La mejor familia del mundo es modélico en su texto y en sus ilustraciones. Su protagonista es Carlota, una niña de un orfanato que sueña con los padres que la adoptarán: tal vez una familia de pasteleros, o de piratas, o de domadores, o de astronautas… Y llegan los Pérez.
Las ilustraciones, en un registro realista, son cálidas y recogen los sentimientos expectantes e ilusionados tanto de la protagonista como de los padres. La composición de cada una es excelente, como lo es la secuencia de todas ellas -que viene ya marcada por un texto acertado- y las transiciones entre sueños y realidad. (SM, Madrid, 2008, 28 págs.)

Emilio Urberuaga, ¡Me como esa coma! ¡Glups! parece que la puntuación es importante. Álbum que se compone de una sucesión de graciosas ilustraciones contrapuestas en cada doble página, cada una de las cuales muestra una imagen que se corresponde con la frase que va debajo: “Perdón imposible, que cumpla su condena” frente a “Perdón, imposible que cumpla su condena”; “Los niños que llevaban escafandra se metieron en la piscina” frente a “Los niños, que llevaban escafandra, se metieron en la piscina”; “¡Mira qué bonito perro enano!” frente a “¡Mira qué bonito perro, enano!”, etc. Al final hay unos comentarios explicativos. (Serres, Barcelona, 2007, 32 págs.)

Patrick McDonell, Arte. El popular historietista norteamericano Patrick McDonnell comenzó a ilustrar álbumes infantiles en 2005. Este, el segundo, trata sobre un chico llamado Arte, superactivo, que pinta y pinta toda clase de garabatos, dibujos, manchas… hasta que, al despertarse, ve sus folios pintados pegados en el frigorífico, pues “su madre adora el arte de Arte”.
Álbum simpático, deudor de otros anteriores pero bien concebido y realizado.Tanto el relato como el personaje contagian entusiasmo y simpatía. (Serres, Barcelona, 2008, 44 págs.)

Cho Sunkyung, El jardín subterráneo. Argumento poco habitual en los álbumes: la vida cotidiana de un trabajador. Un concienzudo empleado del metro de una gran ciudad limpia un hueco muy sucio que había en un túnel, y luego siembra en él un jardín que florece y alcanza la superficie.
Las ilustraciones están bien compuestas y transmiten tanto la bondad del protagonista, como el ambiente sucio de la ciudad, y el progresivo cambio que se produce. De un álbum así se puede decir, por eso, que es de los que nos hace mirar alrededor y ver el trabajo de la gente, valorar la importancia de un trabajo bien hecho allí donde uno está, cosas así. (Thule, Barcelona, 2007, 32 págs.)

Javier Sáez Castán, La merienda del señor Verde. El señor Verde manda llamar a seis personajes, cada uno un color, para resolver un misterio juntos; y el relato se completa con unas aclaraciones bromistas explicativas, verdaderamente graciosas. Álbum de filiación surrealista en las ilustraciones, y posmoderno tanto por el hecho de que el autor convierte sus propios materiales de trabajo en el contenido de su obra, como por los textos autorreferenciales del final, con los que conectará bien un lector experto. (Ekaré, Barcelona, 2007, 36 págs.)

Max Ducos, Juego de pistas en Volubilis. Álbum dedicado a mostrar una casa de diseño ultramoderno. La narradora nos cuenta cómo descubrió el secreto de su casa cuando era una niña y siguió un juego de pistas que la fue llevando de una habitación a otra. La excusa narrativa no es muy convincente, aunque no importa mucho, pues el interés del álbum es otro: desplegar ante el lector-espectador perspectivas y rincones de la casa decorados, además, con cuadros de Picasso y Mondrian, con esculturas móviles de Calder y muebles de Bang & Olufsen…, referencias todas que aparecerán en una de las ilustraciones. (Kókinos, Madrid, 2007, 48 págs.).

Joëlle Jolivet, 365 pingüinos. Misteriosamente, una familia recibe por correo, cada día, un pingüino. Al final, el misterio se aclara y logran deshacerse de los 365 pingüinos. Pero cuando comienzan a respirar…
Álbum vistoso de formato grande. Las ilustraciones están bien compuestas y son narrativamente claras. En ellas se usan sólo colores planos, se disponen todos los elementos contra el fondo normalmente blanco y algunas veces azul, y tienen particular gracia las escenas de pingüinos amontonados. La historia refleja una familia típica del primer mundo -padres, niño y niña- y responde a lo políticamente imperante ahora, pues todo tiene su origen en que los pingüinos están amenazados por el calentamiento global. Lo anterior servirá para que haya quien recomiende el libro con más entusiasmo, y para que otros lo rechacen visceralmente, pero su atractivo real está en la propuesta gráfica y en que suma un relato disparatado e hiperbólico que conecta bien con el niño y que, a la vez, le propone diversas operaciones matemáticas. (Kókinos, Madrid, 2007, 48 págs.)

NARRATIVA PARA NIÑOS


William Faulkner, El árbol de los deseos. Reedición de esta obra menor que el autor escribió para una niña en regalo por su octavo cumpleaños. En ella, Faulkner se deja llevar por la ternura y la fantasía, y abandona el tono y los mundos habituales de sus obras mayores.
Cuando se despierta el día de su cumpleaños, Dulcie ve a Maurice, un chico especial, que conduce a Dulcie, junto con su hermano Dick, su niñera negra Alice y su amigo George, al Árbol de los Deseos, en realidad un anciano muy alto con una larga barba blanca cuyas hojas son pájaros de todas clases y colores que, al arrancarlas, conceden los deseos pedidos. El relato habla de no tener deseos egoístas. (Lumen, Barcelona, 1988, 96 págs.)

Judith Kerr, Cuando Hitler robó el conejo rosa. Nueva edición de un relato muy conocido. En él se cuenta cómo, cuando Hitler alcanza el poder, la familia de Anna, nueve años, huye de Alemania. Viven en Suiza, Francia e Inglaterra. Al final de su periplo, la simpática y optimista Anna, “a pesar de que sólo tenía once años, se sintió muy vieja y triste”.
El relato, autobiográfico pero no contado en primera persona, es lineal y está siempre desde la perspectiva de Anna: una chica que va teniendo una conciencia cada vez mayor de las dificultades por las que atraviesan sus padres y ella misma. Los sucesos se narran con descripciones expresivas y numerosos diálogos, que rezuman simpatía, visión positiva, y entusiasmo por la unión y el calor familiar. (Alfaguara, Madrid, 2007, 263 págs.)

James Oliver Curwood, Kazán, perro lobo. Nueva edición de un relato muy popular y de argumento semejante, pero desarrollado de modo menos bronco, que los clásicos de Jack London Colmillo blanco y La llamada de la selva. En él se cuenta la historia de un perro de trineo que huye y se empareja con una loba; poco después la loba se queda ciega y Kazán ha de ser su guía. Curwood emplea un vocabulario sencillo, lleno de poesía y simpatía. La historia se desarrolla en selvas, praderas y majestuosos paisajes canadienses. Al contrario que London, su sentimiento hacia los hombres, arraigado por su conocimiento directo de algunos casos reales de malhechores acusados injustamente de serlo, es la piedad. (Juventud, Barcelona, 2007, 245 págs.)

P.R. Gomez, Los Guardianes del Pasado. Relato de ciencia-ficción cuyo argumento a muchos les recordará películas como Terminator o Regreso al futuro. La historia comienza en Pittsburgh, a comienzos del siglo XXI. Ocultos bajo las identidades de un empleado de recogida de basuras y de ama de casa, los padres de Sem y Rosie Peres, de doce y diez años, son Guardianes del Pasado: vigilan que no se produzcan alteraciones en el presente que puedan cambiar el futuro. Cuando Sem impide que a Max Martin, el matón de su clase, lo arrolle un camión, provoca un giro nefasto en la historia posterior o al menos eso deduce de lo que ha oído a sus padres. Para deshacer el lío, Sem, Max y Rosie viajan al futuro pero la máquina del tiempo se avería.
Se lee con agrado pues la idea de partida es buena, los personajes principales tienen gancho, el hilo argumental y los diálogos tienen interés, se plantean bien algunos conflictos emocionales, y muchas descripciones se resuelven con comparaciones sencillas y eficaces. Están dibujados con soltura los ambientes futuristas y los peculiares personajes que viven en ellos. (Destino, Barcelona, 2007, 306 págs.)

Magolo Cárdenas, No era el único Noé. Cuando amenaza el diluvio, El Que Todo Lo Sabe dice al viejo Itzá que haga una barca, etc. Cuando termina el diluvio, Itzá y los suyos ven que se aproxima, primero una barca, y luego otra, y luego otra: el viejo Madú viene de África, Eke del Polo, Noé de Asia. Cada uno había recibido un mandato parecido y traía consigo a los animales propios de su área. Por último aparece un tipo despistado llamado Ipu o Upi, él mismo no lo sabe bien, que llega con todos los animales fantásticos: sirenas, dragones, pegasos… A la espera de que las aguas bajen, Upi entretiene a todos con sus historias que cada pueblo conservará para siempre al volver a sus tierras.
Esta edición se presenta con formato de álbum ilustrado en el que se combinan ilustraciones coloristas de distintos tamaños, en las que se aprecian aires aztecas e influencias de las pinturas muralistas mexicanas. De todos modos, es un caso en el que lo más importante es el texto: ingenioso y bien contado, que sorprende y divierte. (Serres, Barcelona, 2007, 40 págs.)

Brian Selznick, La invención de Hugo Cabret. París, años treinta. Hugo Cabret, de doce años, vive oculto en la estación de tren de París, donde se ocupa del mantenimiento de los relojes sin que nadie se dé cuenta y se las arregla para sobrevivir robando comida donde puede. Esto sucede porque Hugo sabe que lo echarán si se descubre la desaparición de su tío, el anterior mantenedor de los relojes, con quien vivía desde la muerte de su padre. Además, Hugo conserva los planos de un autómata que su padre deseaba poner en marcha e intenta descubrir cómo hacerlo funcionar de nuevo.
Es esta una novela gráfica, pues alterna tramos cortos de texto con imágenes que ocupan muchas dobles páginas. Los dibujos a carboncillo, de calidad y bien secuenciados, ahorran al lector una gran cantidad de descripciones ambientales: en ese sentido se puede decir que es un libro magnífico para no lectores. Aunque la parte literaria no es consistente, pues las coincidencias son muchas y las motivaciones de los personajes no están del todo claras, la historia conecta con los sueños de un lector niño-joven de llevar una vida secreta y de tener unas habilidades particulares. Además, también recoge la fascinación propia del cine de los comienzos y aviva la curiosidad acerca de los pioneros del cine y, en particular, de Georges Méliès. (SM, Madrid, 2007, 533 págs.)

NARRATIVA JUVENIL


Santiago Herraiz, Nocturno. Novela que habla de la importancia de acoger y usar bien el talento artístico. Se abre con una noticia de periódico sobre un concierto compuesto e interpretado por un estudiante de flauta travesera, Renzo Longhi, de dieciocho años. A continuación, el mismo Renzo recuerda todo lo que llevó hasta ese momento: los inicios cuando tenía diez años, el descubrimiento de sus cualidades sobresalientes para la música, la participación en un concurso televisivo cuando tenía doce, los altibajos de su relación con un músico callejero áspero pero con un gran talento…
La capacidad para la ironía del autor brilla en las descripciones del mundo televisivo de sonrisas de plástico, se transforma en sarcasmos hirientes en varios diálogos violentos, y, sobre todo, destaca en la presentación del mundo interior de Renzo, muy bien cogido, tanto en sus momentos infantiles como en su crispación posterior de adolescente resentido. El argumento tiene tensión: la que se deriva del deseo de saber cómo se alcanzará el desenlace anunciado, y la del de ver la evolución de los personajes. Son excelentes los comentarios y referencias a la música, que muestran bien su atractivo y su capacidad de mover el corazón. (Palabra, Madrid, 2008, 157 págs.)

Stephen Lawhead, Hood. Primer libro de una trilogía que recrea las leyendas sobre Robin Hood aunque con cambios significativos respecto a lo habitual: tienen lugar en 1093, se ambientan en Gales y están entremezcladas con otras leyendas populares galesas. El protagonista, llamado Bran, es el joven y alocado hijo del rey de Elfael que, al comienzo de la historia, fallece junto con sus hombres en una emboscada. Cuando Bran intenta que le sean reconocidos sus derechos hereditarios es perseguido y dado por muerto. Cuando se recupera físicamente y se hace consciente de su destino, el protagonista comienza su lucha.
Narración con un paso tranquilo que se sigue con el interés de una novela clásica de aventuras. Los personajes se van definiendo bien de acuerdo con sus acciones, la tensión de las escaramuzas guerreras está conseguida y, poco a poco, el lector siente crecer sus deseos de que los malvados reciban por fin su merecido. Los ambientes medievales están reflejados sobriamente y las descripciones son buenas. El autor se toma en serio a sus personajes y evita cualquier clase de ironía torpe, al tiempo que refleja la mezcla de fe y barbarie de algunos comportamientos. (Timun Mas, Barcelona, 2008, 458 págs.)

Lilli Thal, Mimus. Edad Media. Los reinos de Monfiel y Vinland están combatiendo entre sí desde hace años. El rey Teodor de Vinland logra engañar y atraer a su castillo de Belingar al rey Filipo de Monfiel y a su hijo y heredero Florín, de doce años. A Filipo y sus nobles los encierra en las mazmorras pero a Florín lo pone bajo la tutela de Mimus, el bufón, para que actúe también como tal y advirtiéndole además de que su padre será castigado si hace cualquier intento de huir.
Novela tensa y bien contada. La historia está centrada en la relación entre bufón y discípulo, y en las actuaciones de ambos ante la corte con su despliegue de adivinanzas, juegos de palabras y canciones picarescas de corte y de cuartel. No se describen combates, ni siquiera los del asalto último, momento en el que de nuevo colocará el foco en un combate dialéctico a varias bandas donde brillará la sabiduría del bufón para señalar la estupidez de continuar la cadena de represalias y venganzas. (Anaya, Madrid, 2007, 512 págs.)

Michael Noonan, Los chicos de diciembre. Novela juvenil australiana de 1963 que se publicado ahora como consecuencia de una película. En los años treinta, a un pueblo costero llamado Captain’s Folly llegan, a pasar las vacaciones, cinco chicos procedentes de un orfanato de monjas. Poco a poco se van integrando en el pueblo y conociendo a sus habitantes. Cuando accidentalmente averiguan que un joven matrimonio sin hijos que les caen muy bien, están pensando en adoptar a uno de ellos, cada uno de los chicos maquina cómo hacer méritos para ser el elegido.
Novela que no tiene nada que ver con las historias de pandillas tan de moda en los años sesenta. Su tema es cómo pueden incubarse sentimientos de rivalidad entre chicos que acaban dando lugar a comportamientos traicioneros, cómo algunas circunstancias pueden hacer aflorar el poso de maldad que hay en el corazón. El narrador es el chico que oyó el comentario clave y quien, años después, cuenta lo sucedido. El relato está bien escrito, las descripciones son buenas, el paso de la historia es tranquilo; pero, en los finales de los capítulos, se atiza el interés del lector anunciándole que pasarán cosas: “por desgracia, la canción pronto empezaría a desafinarse”. Los personajes de los chicos y de los habitantes del pueblo están bien presentados y la fascinación que algunos ejercen sobre los chavales es convincente. (SM, Madrid, 2007, 266 págs.)

Jimmy Liao, El sonido de los colores. Desencuentros. Novelas gráficas de grandísima riqueza visual, una concepción ambiciosa, y una realización detallista. Comparten ideas de fondo en los argumentos -la soledad, la necesidad de comunicación, la nostalgia…-, así como el modo poético y evocador de abordarlas gráficamente. Las dos presentan personajes humanos con un parecido gráfico a los de Jean Sempé, tanto en el dibujo individual como en los momentos donde se ven multitudes.
En El sonido de los colores, la chica que narra, y a quien vemos en la primera ilustración entrando en el metro, se presenta diciendo que ha perdido la vista y que “el día que cumplía quince años (…) me encaminé hacia el metro”. A partir de ahí el lector la verá, vestida casi siempre de blanco, con bastón blanco y gafas oscuras, entrar y salir del metro por distintas bocas, y compartirá con ella sus encuentros con personajes reales e imaginarios y su mundo interior de fantasías y ensueños.
Desencuentros, una historia que arranca un 6 de octubre y que se cierra un 6 de marzo, año y medio después, tiene como protagonistas a un joven músico y una joven traductora que viven en el mismo bloque de pisos, pero mientras ella, siempre que sale, se dirige a la izquierda, él lo hace siempre a la derecha. Sus caminos por la ciudad son siempre divergentes hasta que, un día, en una plaza circular del surtidor del parque, se conocen e intercambian los teléfonos…
La primera historia está dedicada a los poetas. El poema con el que se abre habla de que es una gran suerte no saber del todo en qué mundo se vive. Se cierra con otro poema de Rilke titulado La ciega, en el que se dice que, para la protagonista, todos los colores se traducen en sonidos y olores. Las imágenes van acompañadas de textos en primera persona que son preguntas que se hace a sí misma la protagonista o comentarios sobre su percepción del mundo.
El poema del comienzo de Desencuentros menciona lo hermosa que es la seguridad pero que la inseguridad es más hermosa todavía: entre otras cosas, el álbum es como una reflexión sobre la belleza poética de la búsqueda. Con tipos de letra distintos, las ilustraciones llevan una fecha e indicaciones del tiempo atmosférico por un lado y, no siempre, van acompañadas de textos mínimos que dicen algo de lo que hacen o sienten los protagonistas. (Bárbara Fiore, Cádiz, 2008, 80 págs.; Bárbara Fiore, Cádiz, 2008, 128 págs.)

Hannes Binder, Los Hermanos Negros. Novela gráfica preparada por el ilustrador suizo Hannes Binder a partir de una novela de los años cuarenta que no tuvo eco cuando se publicó en España. Su argumento, apoyado en hechos reales, comienza en 1858, cuando en un pueblo de las montañas suizas, una familia muy pobre vende por seis meses a su hijo mayor, Giorgio, para que trabaje como deshollinador en Milán. Giorgio embarca en Locarno junto con otros veinte chicos, pero la barca naufraga y mueren casi todos. Giorgio y su amigo Alfredo salvan de morir ahogado a quien los llevaba a Milán. Una vez allí se hacen deshollinadores y se integran en una pandilla que combate contra otra. Con ocasión de un accidente, a Giorgio lo atiende el doctor Casella, que se interesa por él y sus amigos.
La versión de Binder tiene un texto resumido y, por tanto, es menos rica que la versión original. Pero destacan las ilustraciones: unos dramáticos claroscuros, como grabados en blanco y negro, basados en los escenarios reales de la novela. (Lóguez, Salamanca, 2007, 142 págs.)