Sefarad

Alfaguara.
Madrid (2001).
599 págs. 3.200 ptas.

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Después del divertimento que supuso su anterior novela, Carlota Fainberg (ver servicio 11/00), Antonio Muñoz Molina (1956) publica Sefarad, una novela bastante más ambiciosa sobre el mundo de los exiliados, los perseguidos y los marginados.

El hilo conductor de la novela es la propia vida del autor, que aparece y reaparece relatando algunos aspectos de su pasado, que en las circunstancias presentes adquieren un nuevo valor. Este testimonio personal, con el telón de fondo la la España franquista, se interrumpe frecuentemente para dejar paso a un buen número de personajes que también van a contar algunas cosas de su vida. La mayoría de estos personajes han sufrido la persecución, el olvido, el rechazo, el exilio interior o exterior. Muñoz Molina escoge principalmente a personajes históricos, que padecieron bajo los dos grandes sistemas totalitarios del siglo XX, el nazismo y el estalinismo.

En este sentido se deja oír con claridad, por sus importantes ramificaciones literarias, la voz de los más perseguidos, la de los judíos. La superposición de historias, de narradores, el ir y venir de testimonios sobrecogedores, van dando forma a una novela multiforme y polifónica, donde sobresale la voz del narrador, el propio Muñoz Molina.

En un apéndice final, Muñoz Molina explica que todas las historias proceden de la realidad, que su trabajo ha consistido en indagar y dar forma literaria al encadenamiento de unos testimonios, algunos más íntimos y otros muy históricos, como las vidas de Heinz y Margaret Neumann, Primo Levi, Eugenia Ginzburg, Willi Münzenberg, Babette Gross, Jean Amèry, Milena Jerenka, Arthur Koestler…

Lástima que algunas historias, como la de la monja que sueña con irse a América, de tinte erótico, no tengan la suficiente entidad para estar a la altura de esta dramática memoria colectiva. Es llamativo que Muñoz Molina no se haya interesado por ningún personaje entre los muchos que fueron perseguidos por nazis y comunistas por sus convicciones cristianas. Estos quedan exiliados de esta “Sefarad”. En cambio, no desaprovecha ocasión para ridiculizar aspectos relacionados con la Iglesia católica, en breves punzadas que desvían innecesariamente el punto de mira de la novela.

“Sefarad” es el nombre que daban a España los judíos expulsados en 1492. Con este nombre Muñoz Molina simboliza las vidas de tantos seres anónimos que no han tenido más remedio que asimilar un exilio elegido o impuesto. Una novela de novelas es el acertado subtítulo de este libro tan bien trabajado y sentido, con el que el autor pretende llamar la atención sobre estas apoteosis de la deshumanización y del sufrimiento.