Sólo una cosa no hay

Luis Manuel Ruiz

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Alfaguara. Madrid (2000). 2.100 ptas. 367 págs.

El joven escritor Luis Manuel Ruiz, entusiasta de las novelas góticas de misterio y del folletín, y autor también de la novela El criterio de las moscas, se suma a la estela de cultivadores del género aventura-culta que ha provocado en España el éxito de Pérez-Reverte: Matilde Asensi (El salón de ámbar), Pedro Fernández (Peón de rey y Tela de juicio), etc. El motor es siempre la acción, que se resuelve en el desentrañamiento de una intriga; los personajes, menos planos que en un best seller al uso, viven en el tiempo actual, tienen conocimientos de arte, cultura clásica, ciencias ocultas o historia; hay cierta voluntad de estilo en el lenguaje, midiendo siempre que no suponga un obstáculo para llegar a un público numeroso.

Sólo una cosa no hay (“Es el olvido”, completa el verso de Borges) es un thriller histórico-psicológico donde desempeñan un importante papel el sueño y la memoria. En una compleja trama, bien construida y resuelta, aparecen incunables y criptogramas que hay que descifrar, una oscura secta del siglo XVII y especialistas en oniromancia, y, cómo no, una restauradora de arte y un profesor de latín. A veces falta limpieza en el lenguaje, la sencillez y transparencia que dan el oficio, pero el libro se lee con agrado. Destaca una lograda ambientación sevillana, matizada por una constante atmósfera de enigma y tensión, cerrada y gótica. En la prosa de Ruiz se adivina un homenaje a sus escritores de cabecera: Poe, Lovecraft y Calvino.

Javier Cercas Rueda